Amistad

Ya no los llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo. Los llamo mis amigos, porque les he dado a conocer todo lo que mi Padre me ha dicho”. 15:15 (DHH94I)

Jesús eleva el concepto de amistad al nivel supremo de su esencia, la intimidad propositiva que busca el bien común.

 Los discípulos de las escuelas filosóficas de la época eran considerados siervos o sirvientes de sus maestros. Es por esta razón que Jesús les dice a los discípulos, que ya no serán tratados como sirvientes (Doúlos = siervos o esclavos), sino como amigos (fílos). La palabra griega “fílos” significa y representa una relación cercana, familiar, de absoluta confianza.

El mensaje de Jesús a los discípulos era de aliento y confianza en medio del clasismo de la época, en la que era un privilegio ser cercano a alguien mayor en conocimiento, experiencia y estatus social. Pero a la vez, era y sigue siendo un mensaje del propósito de la intimidad. La cual en Jesús es depurada al interés de la “buena noticia” o “buenas nuevas” del Evangelio. No obstante, el principio de esta relación horizontal es aplicable a nuestras esferas de amistad. Nunca una amistad se basa en intereses egoístas ni mercantilistas. Tampoco es amistad aquella que busca asumir un rol impropio; como pretender ser hermano, padre, madre, Consejero; o cualquier otra disposición íntima y cercana, que la otra persona no está pidiendo.

El elemento crucial en el concepto de Jesús respecto a la amistad termina siendo la información que se puede compartir para beneficiar al interlocutor, sellando esta disposición con confidencialidad, relevancia y propósito. Y esto diferencia la amistad de cualquier otra relación e interacción.

La amistad es confidente y cómplice en su propósito. Las otras interacciones humanas siempre son altamente condicionadas y utilitarias. Es por esta razón que la Biblia nos exhorta respecto a la amistad con el mundo, ya que no se puede intimar con el mundo y con Dios al mismo tiempo. Pero sí podemos ser amigos de Dios, e interactuar con el mundo en lo necesario.

De esta manera y cerrando esta reflexión, el consejo nos llama a la prudencia respecto a las personas a quienes queremos dispensar nuestra amistad confidencial, relevante y propositiva. Siempre hay mensaje ya sea espiritual o sapiencial, que debemos aportar a los amigos para que sean bendecidos.

Y no olvidemos la proverbial frase:

“…amigo hay más unido que un hermano”. Proverbios 18:24.

 

Posted in

Deja un comentario