Silencios…

Y allí se metió en una cueva, donde pasó la noche. Y vino a él palabra de Jehová, el cual le dijo: ¿Qué haces aquí, Elías? 10 Él respondió: He sentido un vivo celo por Jehová Dios de los ejércitos; porque los hijos de Israel han dejado tu pacto, han derribado tus altares, y han matado a espada a tus profetas; y sólo yo he quedado, y me buscan para quitarme la vida. 11 Él le dijo: Sal fuera, y ponte en el monte delante de Jehová. Y he aquí Jehová que pasaba, y un grande y poderoso viento que rompía los montes, y quebraba las peñas delante de Jehová; pero Jehová no estaba en el viento. Y tras el viento un terremoto; pero Jehová no estaba en el terremoto. 12 Y tras el terremoto un fuego; pero Jehová no estaba en el fuego. Y tras el fuego un silbo apacible y delicado. 13 Y cuando lo oyó Elías, cubrió su rostro con su manto, y salió, y se puso a la puerta de la cueva. Y he aquí vino a él una voz, diciendo: ¿Qué haces aquí, Elías? 14 Él respondió: He sentido un vivo celo por Jehová Dios de los ejércitos; porque los hijos de Israel han dejado tu pacto, han derribado tus altares, y han matado a espada a tus profetas; y sólo yo he quedado, y me buscan para quitarme la vida. 15 Y le dijo Jehová: Ve, vuélvete por tu camino, por el desierto de Damasco; y llegarás, y ungirás a Hazael por rey de Siria. 16 A Jehú hijo de Nimsi ungirás por rey sobre Israel; y a Eliseo hijo de Safat, de Abel-mehola, ungirás para que sea profeta en tu lugar”. 1 Reyes 19:9-16 (RVR1960) 

El fragmento anterior es una larga historia de una época oscura para Israel bajo un liderazgo político y religioso de muerte. Pero estos textos en particular son parte del relato de la experiencia del profeta más connotado del momento, Elías Tisbita. Este profeta huye por temor a perder la vida en manos de Jezabel, después de haber logrado una hazaña espiritual en contra de ella al matar a 850 de sus profetas paganos.

En esta ocasión, y para ejemplarizar elementos de este hecho histórico en nuestras vidas y luchas cotidianas; quiero alegorizarla un poco (interpretarla como imagen o figura retórica) pero aclaro que no es retórica, sino una historia real.

Quiero referirme a los silencios en nuestras vidas y de qué manera podemos estar atentos a lo que representan o pueden llegar a representar.    

Partiremos de la manifestación apacible de Dios, a Elías.

En el contexto de la historia y en la experiencia de los israelitas con respecto a las apariciones y manifestaciones de Dios, lo normal para Elías podría haber sido que Dios se le manifestara de manera estruendosa y magnánima. Así habían sido de seguro los testimonios orales de sus ancestros en Israel, recordando a Dios manifestarse a Moisés durante la peregrinación, a Josué durante la conquista de Canaán, a los profetas posteriores y a los enemigos mismos de Israel. Pero en la experiencia de Elías; el viento que rompía rocas, el terremoto y el fuego, no representaban a Dios, aunque lo precedían, y Elías pudo discernirlo.

Luego una voz calma y apacible o que emanaba paz. Esa voz como un susurro, esa voz celestial trajo paz a Elías y lo preparó para oír la instrucción del cielo (algunas versiones prefieren traducir silbido o sonido, pero la connotación y la raíz del verbo incluso en la tradición talmúdica, refiere a una voz audible pero serena).

Para Elías, aquella cueva era íntima y silenciosa, y podemos decir que el profeta estaba urgido del poder sanador del silencio. No es para menos si nos imaginamos lo que representó para Elías muchas horas de clamores paganos de los profetas de Baal y Asera, y luego los gritos de la matanza. Hay momentos en que el bullicio ensordece, y el silencio es sanador.

En lo personal, siempre me ha llamado la atención la mística del silencio, porque tiendo a ser una persona reflexiva en la búsqueda constante de sentido, y he experimentado en la silente calma, una fórmula para reorganizar mis ideas y encontrar paz espiritual.

Pero debemos discernir nuestros silencios a la luz de nuestra relación con Dios. Como ejemplo les dejaré unas ideas de silencios en la biblia, para que usted querido lector encuentre a la luz de la Palabra de Dios, los suyos.

  1. El silencio de la espera que salva: Lamentaciones 3:26; salmos 37:7; Sofonias 3:17
  2. Los silencios de las añoranzas que duelen: 1 Samuel 1:13
  3. El silencio de la prudencia: Proverbios 11:12

¿Y tus silencios cuáles son? ¿Hacia dónde te llevan? Hay muchos caminos, pero solo uno a la vida eterna con Cristo.

Para Elías, aquel susurro divino significó volver al camino y concluir la obra de Dios sin miedos, sin excusas.

Yo espero que en tus silencios, Dios te hable y te ayude.

 

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