¿En qué momento se nos imputa el pecado?
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Desde el punto de vista de la personalidad, los atributos de Dios se han clasificado en dos grupos generales.
Los atributos incomunicables, que son atributos únicos de Dios que no comparte con nadie, por ejemplo, su eternidad, omnisciencia, omnipresencia, omnipotencia, su gloria y soberanía.
Los atributos comunicables, son aquellos que denotan el carácter moral de Dios; y son atribuibles a los hombres. Podemos mencionar el amor, la fidelidad, la bondad, entre otros.
Luego, una tercera categoría que yo personalmente quiero incluir, son los atributos imputables de Dios a los redimidos. Como la justicia, y la santidad.
Dada esta introducción, quisiera enfocar en el atributo imputable de justicia. Para ello haré una analogía entre la justicia de Dios y la justicia del hombre.
En nuestros tribunales de justicia, por ejemplo, no existe la figura de “imputación” de la justicia, pues todo juicio y veredicto se relaciona directamente con la prueba material y testimonial que servirá de luz, para que un juez emita su veredicto. Mientras tanto, en el contexto bíblico, la justicia tiene el significado de: “una declaración del juez justo”.
Antes de continuar, comprendamos este concepto de imputabilidad o imputación. La imputación es la decisión judicial por la que se atribuye a un sospechoso la presunta participación en un hecho delictivo.
Precisamente en derecho penal, la imputación es un medio de implicación negativa. Pero en teología cumple una doble función tanto negativa, como positiva.
Negativa en tanto el pecado “llamado original” (del huerto) nos ha sido imputado a toda la humanidad:
“Por tanto, del mismo modo en que el pecado entró en el mundo por un hombre y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a toda la humanidad, por cuanto todos pecaron”. ROMANOS 5:12 (RV2020)
Pero ¿en qué momento se nos imputa el pecado? Con la llegada de la ley.
“Antes de la ley ya había pecado en el mundo; pero como no había ley el pecado no se imputaba”. ROMANOS 5:13 (RV2020).
Pablo nos ilumina con la tésis de que la ley también tiene como objetivo, imputarnos (culparnos) del pecado de desobediencia original, ya que en todo caso la muerte como consecuencia de aquella grave desobediencia, ya reinaba desde Adán.
“No obstante, la muerte reinó desde Adán hasta Moisés, también sobre los que no habían pecado de un modo semejante a la rebelión de Adán, el cual es figura del que había de venir.” ROMANOS 5:14 (RV2020).
Si el pecado de Adán no se nos hubiera imputado o atribuido por falta de instrumento judicial (la ley), las consecuencias de la caída igual hubieran seguido sobre toda la humanidad y la creación, pero no el delito del Edén.
Entonces es muy claro que la condenación cayó sobre toda la humanidad, por el delito de uno llamado Adán. Y luego su pecado se nos imputó, con el objeto de poder recibir también por imputación, la justicia de Dios. ¿Por qué es esto así? Bueno, imagina que no eres culpable de la misma rebelión del huerto, pero sí cargas las consecuencias? No podrías ser perdonado y justificado de lo que no eres culpable (pecado original).
“Así que, como por el delito de uno vino la condenación a toda la humanidad, de la misma manera por la justicia de uno vino a toda la humanidad, la justificación que produce vida”. ROMANOS 5:18 (RV2020).
Y en este texto, tenemos ambas figuras de imputación, tanto la negativa del pecado adámico, como el positivo de la obra redentora de Cristo.
“Y con el don no sucede como en el caso de uno que pecó, porque por un lado el juicio vino a causa de uno que pecó para condenación, pero por otro lado la gracia vino a causa de muchos delitos para justificación”. ROMANOS 5:16 (RV2020).
Debemos concluir con una seria reflexión para aquellos que menosprecian la ley. Si bien debemos tratar de entender el sentido de la ley y su aplicación; también es necesario que comprendamos, que una parte incuestionable del objetivo de la ley, fue imputarnos en la responsabilidad de la desobediencia, para tener la posibilidad de que nos fuera imputada la justicia de Dios en Cristo.
“porque el cumplimiento de la ley es Cristo, para justicia de todo aquel que cree”. ROMANOS 10:4 (RV2020).
Y esto es en manera resumida de lo que se trata la justicia de Dios. No es para nada igual o parecida a la justicia del hombre.
Si una persona no reconoce su pecado, y su responsabilidad ante Dios por su alejamiento e impiedad, esa persona no podrá ser declarada “inocente” (imputación de la justicia de Dios dada a Jesús).
Recibe a Jesús hoy, y te será imputada la justicia de Dios a través de Cristo.

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