Esperar con expectativa

La desesperanza ha llegado para quedarse entre nosotros. El contexto global no facilita un panorama mejor. Hay guerras y rumores de guerras, y con estas guerras viene más desesperanza en las fronteras más alejadas al conflicto, y desesperación en las poblaciones afectadas de manera directa.

Los analistas dicen que la economía se contraerá; afectando el empleo y el sustento de manera consecuente, la hambruna recrudecerá, y las enfermedades proliferarán.

Los grandes egos del mundo se enfrentan, siendo la peor tragedia humana, aún más que las anteriores mencionadas. Y así, se define en pocas líneas el vacío más profundo y el agujero negro de nuestra sociedad, alimentado por lo que llamaré; “desesperanza sociopatológica”.

Pero vamos a ir a la Biblia, porque mi propósito es que veamos con luz del cielo, de qué se trata este mal, y cuál es la respuesta imperdible que debemos dar a este problema social. Veamos:

“Y ahora, Señor, ¿qué esperaré? Mi esperanza está en ti.” Salmos 39:7 RVR1960

David, expresa lo que podría estar expresando ahora mismo nuestro ser: la duda… “Y ahora, Señor, ¿qué esperaré?… denota esa actitud dubitativa, porque la esperanza sin expectativa termina siendo una mera especulación.

El salmista lo que hace es poner este texto con una función “bisagra”, en medio de dos cuerpos de ideas que llamamos contexto anterior y posterior.

En el contexto anterior (versículos 1-6) David expone la transitoriedad de la vida, su fragilidad y su inseguridad ontológica (una esencia del ser que no solo trata de explicar su origen, sino que rebusca en su posible futuro). Luego en la segunda mitad o contexto posterior (versículos 8-13) David encuentra una ventana de esperanza. La esperanza del perdón divino, por las transgresiones (sus rebeliones y desobediencia a la ley de Dios) que le han causado muerte – ese dolor emocional – inclusive males físicos.

Por eso la segunda mitad del versículo siete dice: “Mi esperanza está en ti”. Y esta segunda conjugación del verbo “esperar”, usa otra raíz hebrea distinta de la primera conjugación; que implica un esperar con expectativa. Eso significa que la espera no es vacía o no está envuelta en vanidad (en cosas cosméticas). Es una espera firme que conforta y da suficiente combustible para continuar la vida, viviéndola en la búsqueda de esos valores espirituales centrados en “Adonai” (mi Señor o dueño).

Ahora, en la vida cotidiana no solemos estar tan ocupados de los problemas globales. Ni siquiera nos ocupan mucho los problemas de nuestros países. ¿Por qué? Porque tenemos suficientes problemas personales y familiares como para llenar nuestras cabezas con más. Lo que para una persona suele ser algo pequeño, para otra puede ser una crisis.

En los primeros versículos del salmo, hay pepitas de oro sapienciales referente a esos procesos de autorreflexión que para todos los creyentes debe emerger como crisis con propósito.

Enmudecí con silencio, me callé aun respecto de lo bueno; Y se agravó mi dolor.

Ciertamente como una sombra es el hombre; Ciertamente en vano se afana; Amontona riquezas, y no sabe quién las recogerá. Salmos39:2, 6RVR1960

El salmista nos pone en perspectiva de esa vida existencial y vacía, que no tiene conocimiento del final que le depara su futuro. Y para un creyente esa fórmula no debe ni siquiera ser considerada. Mientras que callar es una decisión condicionada a cada circunstancia y propósito, pero nunca una regla general.

Por lo tanto, mi consejo es enfocarnos en lo que nos inquieta y afecta nuestro estado de ánimo. Luego revisar nuestros valores y cómo estos están siendo afectados por los problemas. Y basado en ese rápido análisis involucremos todo nuestro ser emocional y espiritual en la búsqueda de metas o pasos hacia la libertad de esas crisis.

En los casos donde las crisis son de tipo laboral y por ende económicas, el consejo es rodearnos de las personas que nos quieren y no dudarán en darnos apoyo.

En las crisis de familia, buscar acompañamiento profesional o de consejería, abriéndonos a encontrar los aspectos detonantes en nosotros mismos primero, y no en los demás.

En las crisis de ansiedad o de tipo psicológico, debemos siempre buscar apoyo profesional.

Pero de manera concluyente, para todos los creyentes la autorreflexión debe desembocar siempre en la certera Palabra de Dios. Como lo expresó David: “Y ahora, Señor, ¿qué esperaré? Mi esperanza está en ti.”

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