Autoconcepto en equilibro

Por Elías Lara

A veces suelo ver notas, artículos noticiosos y estudios bíblicos en redes sociales.

Justo en un sermón expositivo en TikTok, me llamó la atención una ocasión la interacción en los mensajes de opinión, de una internauta; sobre el sermón que tocaba el tema sobre “pecados sexuales”. La dama decía: “gracias a Dios yo soy una de las pocas, que no ha vivido esa clase de pecado”. Yo me pregunto… ¿y cómo sabe que son pocas las personas que como ella no han vivido esta dolorosa situación moral?

A priori parece que es una expresión de gratitud genuina, pero si somos personas analíticas debemos pesar contexto, audiencia y enfoque del mensaje. Justo es lo que hice, concluyendo que:

El contexto: dicha opinión fue alrededor de una exposición bíblica sobre un tema que atañe a todos los creyentes; y que no les juzga, les advierte. Así que, todos los lectores deberíamos habernos sentido advertidos; no juzgados, y ella parece que se sintió juzgada.

La audiencia: el chat estaba compuesto por gentes posiblemente desconocidas para esta señora, por lo que ella debió haber sido movida a la discreción y la prudencia, sin inculpar a otros.

El enfoque: El propósito de la exposición mediática era exhortar a quienes entrarían libremente a escuchar; y una vez más, no era la intención comparar a “buenos y malos”, sino exhortar a todos.

¿Conclusión? No fue una expresión de gratitud, sino de ego. Al estilo de la historia bíblica del fariseo y el publicano que oraban en el templo.

“El fariseo, puesto en pie, oraba consigo mismo de esta manera: Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano; Mas el publicano, estando lejos, no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: Dios, sé propicio a mí, pecador.” Lucas 18: 11, 13 (RVR1960).

¿Podemos notar de lo que hablo? La palabra gratitud toma sentido por el contexto y la actitud. Si bien ambos oraban en el templo, uno oraba para sí mismo (ego) y el otro agradecía genuinamente a Dios, por propiciar el perdón para su vida. El contexto de ambos era la aceptación de Dios, pero la actitud era totalmente opuesta uno del otro. La gratitud brotaba evidentemente en el pecador publicano que agradecía la gracia de Dios en el don del perdón.

La impactante expresión de aquella internauta, también me hizo recordar la historia del profeta Elías. Cuando en 1 de Reyes capítulos 18 y 19 se siente solo contra baal y sus seguidores; y Dios le exhorta a levantarse de su postración y soledad y caminar hacia sus otras tareas, acompañado de siete mil hombres (esto incluía familias completas) que no habían doblado sus rodillas a baal.

A veces como aquella dama del internet que se sentía de las pocas (sola), nosotros sentimos que todo está contaminado y sin esperanza; excepto nosotros mismos. Pero Dios nos sigue recordando que no somos solo nosotros que luchamos y guardamos la fe. Pues hay muchos otros que luchan cada día contra sus vidas viciadas tratando de amar y agradar a Dios.

¿Cuál es el equilibrio que buscamos? El equilibrio bíblico:

  1. Los valores: Esos comportamientos a los que llegamos por medio de la fe, en equilibrio con una justicia mayor a esas obras de fe (veamos a Pablo).

“Aunque yo tengo también de qué confiar en la carne. Si alguno piensa que tiene de qué confiar en la carne, yo más: Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo.” Filipenses 3:4, 7 RVR1960

2. Los valores espirituales alcanzables sólo en Cristo, en equilibrio con la disciplina de la búsqueda cada día (leamos a Pablo).

“Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús.” Filipenses 3:13-14 RVR1960

Finalmente, Pablo una vez más nos indica cómo lograr esos equilibrios:

“Digo, pues, por la gracia que me es dada, a cada cual que está entre vosotros, que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno.” Romanos 12:3 RVR1960

Pablo nos dice que el autoconcepto es clave, aunado a la fe que hemos recibido de Dios. Y esto es cordura. Ser cuerdos respecto a lo que pensamos de nosotros mismos.

Negar nuestra fragilidad no nos hace fuertes, por el contrario, Dios le dijo a Pablo; bástate mi gracia, porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Lo que nos hace fuertes entonces, es reconocer nuestra debilidad para esperar en la gracia de Dios.

Seamos equilibrados en nuestro comportamiento y nuestro autoconcepto (la idea y visión que tenemos de nosotros mismos).

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