Puertas derribadas

Puertas y cerrojos derribados

Casi siempre los cristianos comprendemos la Biblia en un plano metafísico (filosóficamente significa más allá de nuestra vida física y cotidiana) y por esa razón la reducimos al más allá (paradójicamente, al más allá, le damos un sentido físico) y por eso el aquí y ahora no importan tanto, y castigamos los sentires del alma, ya que poco se involucran en su lectura (de la Biblia).

Entonces leemos la Biblia con lentes solamente escatológicos (eventos del fin de los tiempos) y/o soteriológicos (la salvación del alma como ente etéreo o insustancial). Pero esta lectura es un tanto estéril, pues ¿dónde queda la sustancia de nuestro ser si Cristo es esperanza futura solamente y no presente? Hebreos (1:2-3) dice que Cristo es la substancia de todo lo creado; y si lo es de todo, lo es de aquello que soy y siento ahora y no solamente en el mañana eterno.

Vamos a seguir analizando el alma humana desde Lamentaciones, y hoy puntualizo un texto transversal a las vivencias nuestras; aunque primero lo fue a las de Jeremías y su pueblo. Voy a colocar el texto en cuestion, en Versión Reina Valera 1960 porque es la que más se acostumbra, y en la versión BHTI que es una versión Interconfesional española; pero además tiene un lenguaje muy contemporáneo.

“Sus puertas fueron echadas por tierra, destruyó y quebrantó sus cerrojos; Su rey y sus príncipes están entre las naciones donde no hay ley; Sus profetas tampoco hallaron visión de Jehová.” Lamentaciones 2:9 RVR1960

“Tiró por tierra sus puertas, quitó y rompió sus cerrojos; su rey y sus príncipes viven entre paganos; no hay ley, ni los profetas reciben sus visiones del Señor.” LAMENTACIONES 2:9 BHTI

Lamentaciones es un libro que consta de cinco poemas (sus cinco capítulos), los primeros cuatro a modo de acrósticos, el último mantiene la estructura de veintidós estrofas, pero no es acróstico. Sus poemas son elegías (lamentos fúnebres o de luto por otro tipo de pérdidas catastróficas). Divaga el corazón de un profeta, quien a veces lo hace de manera personal; a veces personificando la ciudad amada de Jerusalén y a sus múltiples enemigos.

Babilonia desata su primera campaña contra Jerusalén en 597 a.C (2 Reyes 24:17 y cap. 25) y Nabucodonosor instaura a un rey de su agrado que le fuera tributario. Pero este rey Sedequías (Matatías y/o Sedecías) a pesar de la palabra de Dios por medio de Jeremías, traiciona a Babilonia, aliándose con Egipto. Y es entonces cuando Nabucodonosor la sitia (en 589 a.C) por dos años hasta invadirla en 587 a.C y le causa estragos. Pero esos dos años de asedio donde les cortaron el agua y los alimentos, significó un castigo inhumano, dando lugar a la hambruna en la que aparentemente existió hasta el canivalismo, hubo muerte, enfermedad y temor; y a pesar de todo, los profetas de la casa real mentían diciendo que no caerían ante Babilonia; contrario a las palabras de Dios por el profeta Jeremías. Por eso el texto que hemos leído es clave porque dibuja lo que pasó con Israel, y lo que está pasando con el mundo de hoy. Pero podemos hacer una aplicación más personal y comprender lo que pasa con nosotros o puede llegar a pasar. Veamos algunos significados y tipologías:

  1. Las puertas derribadas y quebrados los cerrojos: Las puertas de ciudades amuralladas como Jerusalén, eran la primera defensa que había que vencer para capturar a sus habitantes y tomar el botín. Estas puertas aseguradas con potentes cerrojos: significan protección y seguridad.
  2. El rey y los príncipes: Representaban con sus ejércitos, la segunda grande barrera protectora. Si la ciudad era penetrada a pesar de sus cerrojos, se libraba una gran batalla decisiva, cuerpo a cuerpo.
  3. La ley: La ley religiosa y los sacerdotes, eran aliados para la estabilidad de los pueblos. En el caso de Israel la ley representaba a Dios y sus designios.
  4. Los profetas o videntes, eran los mensajeros de Dios y por medio de ellos se recibía dirección divina.

Tenemos entonces, que las puertas y los cerrojos están quebrados y destruidos por tierra. La primera línea de defensa ha sido destruida.

El rey y sus príncipes ya no están más, han sido llevados cautivos y viven entre los paganos o las naciones sin la ley de Dios. La segunda protección ha sido vencida.

La ley (refiere a la ley de Moisés) ya no es válida en Babilonia, ha pasado a menos, no tiene valor. Quizá Jeremías quien no vivió en Babilonia, en todo caso la añora, pero más la añoraban los deportados a Babilonia. Vemos que la ley de Dios; una vez vulneradas las puertas del alma, deja de ser rectora de la vida; aunque no deja de ser la ley de Dios.

Es por esta razón que en una ocasión Jesús les dijo a sus detractores: “yo no he venido a juzgar, pero mis palabras juzgarán a los hombres”. La ley de Dios puede no ser acatada en la vida de una sociedad, pero nunca su fin pasará por alto para esa sociedad; pues la Palabra de Dios no volverá vacía, y eso significa que no solo ha sido enviada para salvar, sino para juzgar y condenar. Entiéndase que cuando Jesús dijo no venir a juzgar sino a salvar al mundo, deja claro que los hombres tienen quien les juzgue: “la Palabra que he hablado les juzgará” (Juan 12:47-48).

Los profetas: Visionarios o videntes de las visiones dadas por Dios, ya no reciben visiones de parte de Dios. De hecho los profetas de Jerusalén, seguían empecinados en dar mensajes de prosperidad en tiempos que Dios había determinado darles carencias. Así que no es que no recibían visiones, sino que las que recibían no venían de Dios. Ese es el sentido del texto (Lam. 2:14). La Palabra de Dios es la Palabra profética más segura, no obstante, en nuestro tiempo seguimos escuchando otras profecías y visiones que no concuerdan con lo que Dios ha determinado hacer. Tenemos que estar alertas para no escuchar con comezón de oír.

Como hemos visto, cuando el hombre pierde una línea de defensa, aún tiene otras barreras que guardan su corazón. Pero si por el contrario se empecina en no oír a Dios, se caerán las otras defensas. Jeremías dibuja una verdad no propia de Israel, sino del mundo. Cuando el hombre transgrede la ley de Dios y la aleja de sí, no hay más protección para su depravación. No hay autogobierno, no hay ley y no hay palabra de Dios. Si no hay palabra de Dios, no habrá revelación de Él en la vida del ser humano. Por eso, vemos una sociedad más depravada y corrompida; por su ateísmo y agnosticismo.

A esta condición puede llegar el hombre por dos vías:

La vía de las tinieblas o lo que la teología reformada ha llamado la depravacion total. Donde la persona está conforme con ser un humano pagano que no puede reaccionar para salvar su alma, pues está espiritualmente muerto. Entiéndase aquí la palabra pagano, como una metáfora, de aquel ser sin conexiones espirituales con el Dios verdadero.

La otra vía para llegar a esta condición; es por rechazar conscientemente la bondad de Dios, esto se da por la apostasía o grave rebelión.

Jeremías nos hace pensar por un lado las veces en que Israel ha sido llevado a estos extremos de dolor y sufrimiento; debido a la apostasía; así como a la condición general del ser humano desde la caída, muerto y apartado de la gracia de Dios.

Jeremías, vivió las consecuencias del pecado de Israel, comprendiendo que ese era su presente; no menos importante que su futuro, entonces se duele haciendo estas lamentaciones. Él no era ese creyente conformista que espera que esto solo se acabe. Él se dolía de la condición de su nación y reprochaba a sabiendas de sus rebeliones, la dureza del castigo de Dios (aunque no fue lo que Dios les hizo, como lo percibe a ratos el profeta; sino cómo Dios los salvó a través del sufrimiento que apacigua a las almas inquietas). Así que Jeremías no termina con un: “yo se los dije”, sino con una palabra de esperanza en el desaliento:

“Pero algo viene a mi mente que me llena de esperanza: que tu amor, Señor, no cesa, ni tu compasión se agota; ¡se renuevan cada día por tu gran fidelidad! Porque no ha de rechazarnos eternamente mi Dios:” LAMENTACIONES 3:21-23, 31 BHTI

Que maravillosa esperanza: “…porque no ha de rechazarnos eternamente mi Dios” (Lam. 3:31).

Si las puertas y cerrojos de nuestra vida son derribados, estaremos vulnerables al asedio de nuestro enemigo, el cual como Nabucodonosor, es incesante e inmisericorde. Es posible que hayamos caído en cautiverio y nos sintamos derribados y abandonados. Pero debe volver a nuestra mente como lo declama el poeta:

“Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias. Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad. Mi porción es Jehová, dijo mi alma; por tanto, en él esperaré.” Lamentaciones 3:22-24 RVR1960.

En este mismo instante que leemos este artículo, debemos expresar con seguridad y gratitud: “no hemos sido consumidos y destruidos por la sola misericordia de Dios”. Su misericordia no nos ha salvado del infierno exclusivamente, nos ha salvado de pasar la eternidad alejados de Él y de sus beneficios. Y esa línea de eternidad incluye nuestro pasado, nuestro presente, nuestro futuro y nuestra inmortalidad.

Cuando nos sentimos fuertes y animados, alabado sea Dios. Cuando nos sentimos derrotados y sin esperanza, alabado sea Dios. En todo sea Dios alabado. Esperemos en Él.

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