“Jehová es mi luz y mi salvación; ¿de quién temeré? Jehová es la fortaleza de mi vida; ¿de quién he de atemorizarme?” Salmos 27:1 (RVR1960).
¿De dónde vienen nuestros temores? Vienen de nuestra frágil naturaleza y terminan siendo espinas y cardos. ¿Y no fue eso lo que se le dijo a Adán y a Eva, que obtendrían de la tierra? Bueno, es literal lo que génesis señala que la tierra contaminada daría. Pero es también una buena metáfora de lo que podemos sufrir en nuestras vidas; alcanzadas por esta hostilidad cósmica resultante de la desobediencia.
El Salmo 27 me trae un poco de alivio, ante tan oscuro panorama. Es un salmo atribuido a David; quien enfrenta una montaña rusa de emociones.
Por eso David empieza por lo que yo llamo, las vitaminas del alma quebrantada: “La confianza en Dios”. David inicia reconociendo que la luz de su alma es Dios El Señor, y que es su Salvación (libertador). Partiendo desde esta verdad que tristemente muchos niegan y se niegan a sí mismos…¿Qué podría salir mal? Y ésta es la confianza liberadora querido lector.
Muchas veces en apariencia, las cosas no salen bien en nuestras vidas. Pero debemos tomarnos el tiempo para analizar la primera convicción de nuestra fe; ésta es la confesión modelada por David en este Salmo: “Jehová es mi luz y mi salvación”. Luego, debemos preguntarnos: ¿Es eso real y una verdad clara para mí? Porque si es así, venga lo que venga; el temor no nos ha de gobernar. Aunque de pronto vendrá y tocará nuestra puerta.
También es necesario que seamos honestos con nosotros mismos y nos auto examinemos; porque muchos de nuestros actos, son generadores de estrés, ansiedad y temor. No obstante, sea la razón que sea que nos genera temor; debemos responder con igual confianza en Dios.
Si usted lee todo el capítulo 27 que consta de 14 versículos; se dará cuenta que David intercala expresiones de confianza y de súplica. Trate de pensar en su vida y situaciones mientras lee este testimonio del salmista. Porque este pastorcillo, rey y adorador, vivió miles de situaciones complejas; algunas veces por amar a Dios y otras veces por desobedecerlo.
Debemos concluir, que aunque frágiles; si Dios es nuestra luz salvadora o liberadora, no tenemos razón de temer jamás. Pero debemos recordarnos; que el temor va a tocar a nuestra puerta y no debemos darle la bienvenida.
David termina esta oración suplicante, de la siguiente manera:
“Aguarda a Jehová; Esfuérzate, y aliéntese tu corazón; Sí, espera a Jehová.” Salmos 27:14 (RVR1960).
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