“Pablo, siervo de Jesucristo, llamado a ser apóstol, apartado para el evangelio de Dios,”Romanos 1:1 RVR1960
Así empieza la carta de Pablo a los Romanos. No tiene nada aparentemente profundo, más que la introducción de su autoría, testimonio y misión.
No obstante, quiero destacar un aspecto importante respecto al enfoque que Pablo le da a su llamamiento, que muchos en la Iglesia, pareciera hemos omitido.
La fórmula de Pablo es: “apartado”, “para”. En primer lugar Pablo nos hace pensar que el llamado de Dios, se establece en dos fundamentos de su propósito divino.
- “Apartado”: Una separación que no se puede quedar en la esterilidad del simple hecho de “no hacer algo” o “dejar de hacer algo”. Por el contrario, este apartado de, debe guiarnos a la acción de propósito.
- “Para”: Es una preposición que siempre indica tarea, mision, propósito o dirección. El “para” establece y aclara sentido.
El Dr. J. Vernon MacGee, explica en sus estudios de la carta a los Romanos, que «el enfoque del creyente, en; “de qué hemos sido apartados”, hace que perdamos de vista el “para qué” hemos sido apartados»
Hay creyentes que siempre están muy interesados, en la idea de; ¿apartados de qué? Y manejan sus propias listas de lo que NO se debe hacer, y por lo general; estos creyentes son estériles al descuidar el propósito de su elección. No es de extrañar que también estos creyentes vivan llenos de culpa y hasta de amargura. No pueden ser felices, cargando una serie de reglas que son por naturaleza humana imposibles de cumplir, sin la mediación de Cristo. Ir a la cruz de Cristo en el concepto paulino, es ir a la búsqueda del perdón; por medio de quien ahí dio su vida y su sangre. Pero parece que algunos van a recoger los pecados que Cristo voluntariamente ha tomado sobre sí. Absolutamente, es un grave error.
Entonces, vale la pena que nos preguntemos: ¿Para qué me apartó el Señor? La respuesta por sí misma nos marcará claramente; de qué, también nos ha apartado.
Recordemos que Jesús le dijo a Saulo, ¿por qué me persigues? Y Pablo inmediatamente se dio cuenta de qué lo apartaría Dios, y para qué. Tanto fue así, que Pablo preguntaría: ¿Señor, qué quieres que yo haga? He ahí el propósito, el para qué.
La respuesta nuestra, no puede ser diferente, Dios nos ha elegido y apartado para unirnos a su misión. El evangelismo es la misión preponderante de su reino.
Debo confesar que la pasión por el evangelismo se ha apagado en casi cada uno de nosotros. Vemos tanta necesidad alrededor y nos sentimos bloqueados e imposibilitados, sin fuerza espiritual para responder.
Espero que esta reflexión, nos anime y nos abra otra perspectiva de nuestro “para qué en Cristo”.

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