Diligentes

“Procastinar es evadir una responsabilidad”

La pereza o apatía, es una forma de procastinación: «Significa posponer tareas y deberes, por otras tareas que resultan más gratificantes». Estas actitudes podrían volverse sintómáticas para algunos trastornos de la conducta; cuando llegan a afectar con consecuencias serias.

Hoy, quiero conectar esta cuestión conductual, con una parte del contenido de la carta de Pablo a los Romanos.

En este capítulo, el apóstol Pablo hace una lista de dones ampliando otras listas; como las enviadas a los Efesios y a los Corintios. En esta otra lista a los Romanos, se refuerzan aquellas habilidades que generan sinergia, una cualidad más que validada para el trabajo conjunto.

Pablo de repente hace un giro desde la lista de deberes, hacia la vía de la estrategia para lograr ser efectivos alcanzando estas habilidades; y sobre todo cómo lograr ser una pieza clave en el trabajo en equipo. El texto bíblico nos da un consejo más que práctico y común, pero ignorado constantemente.

 “En lo que requiere diligencia, no perezosos; fervientes en espíritu, sirviendo al Señor” Romanos 12:11

¿Qué cosas en su cotidianidad requieren diligencia? Es importante que usted piense en esto y revise si esas cosas que requieren diligencia como por ejemplo: ese informe de trabajo, la limpieza de la casa, apoyar las tareas escolares, etc., pueden ser un punto de partida para evaluar el compromiso con sus valores y metas.

El consejo de Pablo es que esas tareas que requieren diligencia; se deben hacer venciendo algunas resistencias que suelen interferir; como la pereza, y agrega, que se debe ser fervientes o poner pasión en aquello que se hace, una vez superada la apatía con la que todos luchamos.

Esto nos lleva al concepto de la disciplina, que es la receta para afianzar un hábito, y a la vez, nos capacita para vencer los obstáculos cotidianos.

Ahora pensemos en la vida de iglesia en la que nos ubica el texto. Evaluemos, ¿Qué requiere diligencia de nuestra parte en la iglesia? Si cada uno de nosotros hace la tarea, el logro del propósito de la Iglesia sería expedito y veríamos menos relaciones interpersonales traumáticas. Es por esta razón que el apóstol lo escribe a los hermanos en Roma, pero con una exposición del carácter cristiano universal.

¿Cómo empieza este capítulo?

“Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional”. Romanos 12:1

El sacrificio que Dios pide de nosotros, no implica sangre; que ya fue provista por Cristo, pero implica ser diligentes en el llamado que nos ha hecho. No es para menos, puesto que presentar nuestros cuerpos en sacrificio vivo (no hay muerte ni derramamiento de sangre) requiere de presteza; dicho de otra manera, es ese actuar pronto y fiel.

La invitación entonces al terminar de leer, es abocarnos a revisar, evaluar y tomar decisiones al respecto, tanto en la vida personal como colectiva dentro dentro de la iglesia.

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