“Refrescaré a los sedientos y fortaleceré a los que estén desfallecidos».” Jeremías 31:25 PDT
Lo que sabemos de Israel es que estaba en la primera etapa de su destierro en Babilonia. Aún le faltaba tiempo para sobrepasar aquella grande prueba que les había sobrevenido por su infidelidad. Se puede decir entonces que ellos caminaron día a día hacia aquel destino que les atrapaba. Pero no es posible que los sueños y deseos mas íntimos, de libertad e independencia humana, sean socavados. Por lo tanto, ellos añoraban su tierra y su libertad. Y ¿es acaso difícil de comprender aquellos deseos de criar hijos en libertad y no bajo yugos de soberbia humana?
En todo esto la espera se vuelve agonía, y la esperanza utopía; y fue en esa condición que el profeta Jeremías acompañó al pueblo trayendo duros mensajes de juicio, alternados con mensajes de restauración.
No por nada se ganó el calificativo de “profeta llorón”, ya que su sufrimiento fue extremo porque él conoció de primera mano el destino del pueblo, pero el pueblo ciego y sordo, no entendió su destino hasta que amanecieron un día en su desgracia.
Pero un día el profeta despertó ilusionado, pocas veces sentía esperanza, ilusión y ánimo. Aquella mañana, había soñado:
“En ese momento desperté y abrí los ojos. Había tenido un buen sueño.” Jeremías 31:26 PDT
Jeremías había soñado la transformación, y aquel sueño era una semilla, era una promesa. Entendemos por el contexto que este no era un sueño despierto, fue un sueño revelador de la presencia de Dios y su propósito inquebrantable para su pueblo que temporalmente pasaba aquella prueba. No obstante, el pueblo desesperó muchas veces hasta desfallecer, por eso la promesa es: “resfresco o renovación y fortaleza o nuevas fuerzas”.
Recuerde que la espera desespera, porque hemos sido condicionados a resultados inmediatos, y queremos resultados ya. Pero si usted y yo no tuviésemos que esperar y a veces hasta desesperar, seríamos malagradecidos sino es que incrédulos ateos. Nuestra fe debe descansar en las promesas de Dios, no en las circunstancias del presente.
La promesa de Dios a Israel fue: “El SEÑOR dice: «Llegará el día en que plantaré muchos hombres y animales en Israel y en Judá.” Jeremías 31:27 PDT
“Llegará el día” es una expresión de esperanza y espera. Llegará, pero no es aún. La clave radica en la confianza que tengamos en Dios y sus palabras. No podemos ser cristianos mas que vencedores si no sabemos esperar confiadamente en Él.
Tenemos que soñar el mañana, necesitamos vislumbrar el futuro.
Si estás atravesando una situación que desespera, y eres un hijo o hija de Dios, entonces debes activar tu confianza en Dios. Espera un mañana de refrescamiento y nuevas fuerzas. Recuerda y se consciente que la espera desespera. Confía en las promesas de restauración de Dios.
Deja un comentario