No cualquiera que habla de paz es pacificador
“¡Dichosos los que hacen la paz, porque serán llamados hijos de Dios!” Mateo 5:9 NBV
Es una palabra compuesta del griego “Eirenopoiós”, fraccionado en: “eirene” que significa paz y “poiéo” que significa “poner en práctica”.
Es muy sencillo entonces, significa una tarea constante por la paz, que parte desde la práctica personal y familiar, hasta los esfuerzos mas complejos radicados en sistemas políticos y socioculturales. ¿Usted se ve como un pacificador o pacificadora? Déjeme decirle que, es mas complejo de lo que pensamos. Hacer la paz descansa en un arraigo cultural que no esquiva el conflicto sino que confronta los conflictos. No se puede maquillar la paz cuando partimos de Jesús, porque Él modeló la paz y es en esencia la paz. No obstante, Jesús nunca se quedó callado ante la injusticia social, ni ante la vida inmoral bajo la lupa de las Sagradas Escrituras.
El texto debe llamarnos a una reflexión cuidadosa. Esta paz ni es demagógica (buscar aceptación por medio del discurso) ni es utópica (idealismo prácticamente improbable). Es la paz un estado mental y espiritual, que permea la vida en todas sus dimensiones. La paz no puede ser externa primeramente, porque lo evidente es fruto de lo invisible en el ser. Nótese entonces dos direcciones del texto: Los que hacen la paz y los llamados hijos de Dios como consecuencia.
Entonces, Jesús cierra el círculo porque los bienaventurados son los que siendo hijos de Dios, hacen la paz. Esto hace una diferencia ya que hay miles de activistas por la paz, tienen buenas motivaciones pero no están dentro de esta bienaventuranza a menos que sean hijos e hijas de Dios. Ya sabemos que solo hay un camino para ser hijos e hijas de Dios, y es por medio de la fe en la obra de gracia de Jesús.
“Pero a todos los que lo recibieron, a los que creen en él, les dio el derecho de ser hijos de Dios. Los hijos de Dios no nacen de la sangre, ni por deseos naturales o por voluntad humana, sino que nacen de Dios.” Juan 1:12-13 NBV
Asi que aceptamos la búsqueda activista de la paz, y nos oponemos a las armas como respuesta a los conflictos políticos. Pero sostenemos que la paz no es la ausencia de guerra o de conflictos, sino la búsqueda de la justicia social que al igual que Jesús denuncia las aberraciones sistemáticas y la opresión del débil.
Luego, reconocemos en los pacificadores bienaventurados, la característica imperdible de la fe; porque ellos son además hijos de Dios por los méritos de Cristo en la Cruz.
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