“Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.” Mateo 5:7 RVR1960

Esta bienaventuranza no señala a quienes dan fruto de buen comportamiento, no se refiere a la filantropía o altruismo. Sino a quienes han alcanzado misericordia de Dios y lo reconocen, así serán compasivos con los demás, o al menos es lo que la expectativa divina expresa.

La misericordia es un fruto compasivo que mana de Dios para la humanidad. Es Dios quien en el huerto interviene para proteger a Adán y Eva, es quien guarda a los nobles de espíritu durante los grandes cataclismas de la historia; por ejemplo el diluvio, la torre en Babel, el éxodo, las persecuciones narradas en el Nuevo Testamento, etc,. De esta manera podemos concluir que hacer misericordia es acción, y el vocablo griego usado en este texto indica una misericordia activa y nunca sometida a la iniciativa humanista de cómo se debe hacer el bien.

En la iniciativa humanista de cómo se debe hacer el bien, el hombre calcula a quienes hacer el bien, en qué situación y con qué recursos. El hombre y la mujer misericordioso-a, actúan por la fe mirando el alma del menesteroso mas que su ropa, su condición socioeconómica y su pasado.

El principio bíblico es siempre mirar la acción de Dios y su benevolencia antes que a la supuesta bondad humana.

Ciertamente seremos dichosos, puesto que no es fácil dar de gracia lo que nos ha sido dado de gracia. El egoísmo nos pasa la factura y la tendencia es quedarnos con aquello que no nos pertenece.

Que Dios nos ayude a dar compasión, recordemos que la compasión mas que amor, es bondad; aunque movidos por ese poderoso motor llamado amor. La compasión es bondad activada en acciones concretas, así como Dios nos tiene misericordia y no nos ha consumido por nuestra desobediencia.

“Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias.” Lamentaciones 3:22

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