La palabra “bendición” en la Biblia connota varias acepciones o significados que provienen de al menos, dos palabras del hebreo y dos del griego; y que necesitamos conocer más en detalle para poder ser fieles al sentido. Un sector de la iglesia organizada ha tergiversado este sentido, mercadeando con el Evangelio. Hay mucha base bíblica para el tema, pero en esta ocasión he tomado un texto de la poesía sapiencial el cual voy a transcribir en al menos tres versiones, para que ampliemos su significado.
La bendición de Jehová es la que enriquece, y no añade tristeza con ella. Proverbios 10:22 (Versión Reina Valera 60)
La bendición de Dios es riqueza que viene libre de preocupaciones. Proverbios 10:22 (Versión Lenguaje Actual)
La bendición del Señor enriquece sin que nada le añada el esfuerzo. Proverbios 10:22 (Versión BHTI)
En este proverbio, es de la raíz hebrea “Barak”, que significa: arrodillarse (en adoración a Dios), bienaventurado (el retorno de los beneficios de Dios a quienes le adoran). En este caso, la connotación es ofrendar a Dios tributos, recibiendo de Él los beneficios de hijos santificados y declarados justos. ¿Por qué digo esto? Porque sabemos que Dios da beneficios temporales aún a los pecadores no perdonados. Pero a los pecadores perdonados, o sea, nosotros los creyentes, Dios nos da aparte de los beneficios materiales presentes, los beneficios eternos. Entonces, bendición es en términos fieles al texto, los beneficios espirituales antes que los beneficios materiales.
La otra palabra que usa el Antiguo Testamento para bendición, es: “ésher”, que significa: bienaventuranza o felicidad. La usa mucho la literatura sapiencial como Job, Salmos y Proverbios. Refiriéndose al hombre dichoso, en tanto que no es culpado ante Dios de sus pecados (Salmo 1, Job 5:17).
En el Nuevo Testamento, la palabra mantiene la connotación de bienaventuranza, por ejemplo, las bienaventuranzas del Sermón de Jesús en el monte, donde la palabra usada es “Makários” que significa bienaventurado, afortunado, dichoso y bien librado.
Si tomamos estos contextos bíblicos y los comparamos, al final el centro semántico del mensaje es: “La felicidad, o la dicha, o la fortuna, de contar con Dios siempre en toda circunstancia”. Ya sea en la abundancia de todo o en la escasez de todo. Recordamos a Pablo diciendo: “he aprendido a vivir en abundancia y en escasez”, porque él lo había comprendido muy bien.
El mensaje libertino de la prosperidad, por ejemplo, confiesa una falsedad al pretender que los hijos e hijas de Dios no han de padecer aflicciones de cualquier índole, contradiciendo así a Jesús quien en el Evangelio de Juan nos exhorta a confiar en Dios; porque en el mundo tendremos aflicciones (Juan 16:33).
Cerrando en Proverbios 10:22, es un texto desafiante porque nos explica que, la bendición de Dios a nuestras vidas son riquezas, pero; ¿qué clase de riquezas? Son por contexto bíblico (sentido completo de cada texto) riquezas eternas y espirituales que de seguro nos traerán beneficios temporales, pero no como meta, sino como resultado de la bondad de Dios al presente. Es por eso que Jesús nos exhortaba en Mateo 6:33 que debemos buscar el reino de Dios y su justicia, y entonces todas las otras cosas que no son espirituales nos serán añadidas.
Lo temporal son añadiduras diarias acorde a nuestras necesidades, Dios no nos da la alacena, la salud, el vestido y el dinero para todos los años que vamos a vivir en esta tierra, Él nos suple día a día. Pero la salvación y el gozo de la salvación es un regalo para la eternidad de una vez para siempre.
Entonces, ¿Por qué las añadiduras o cosas materiales nos apegan y nos llenan a veces de ansiedad o preocupaciones? Porque las obtenemos con nuestras fuerzas y a veces forzando nuestras fuerzas con las deudas. Pero los dones espirituales y la vida eterna que vienen de la mano de Dios, no nos añaden preocupaciones, por el contrario, nos alientan en las preocupaciones causadas por nuestra pequeñez y pecado.
La bendición de Dios nos hace más ricos, sin añadir infelicidad. Además, no añade ni demanda un esfuerzo extra de nuestra parte, porque es la bendición que viene de Dios y nada más.
Yo confieso, que he pecado varias veces en este aspecto bienaventurado de las provisiones de Dios, sustituyéndolas por mis propios “regalos de aparente bendición”, que me han causado mucho estrés y preocupaciones.
Trabajemos porque eso es la voluntad de Dios, pero dediquemos nuestro dinero y trabajo a la gloria de Dios, permitiendo que sea Dios quien convierta nuestro trabajo y finanzas en medios de provisión para los otros y para nosotros. Pero no aceptemos la idea de la pseudo bendición en las añadiduras.
Deja un comentario