Estamos luchando con mucho en nuestras vidas, y eso no es exclusivo de pocos; es de cada creyente.
Pablo nos exhorta en Gálatas acerca de aquellos pecados (conductas que nos separan de Dios) más comunes y destructivos que se anidan en la mente humana, y debo advertir que estos pecados son llamados “obras de la carne” o “apetitos de la carne”. Eso significa que si usted tiene un cuerpo, a lo que Pablo llama carne, entonces es seguro que luchará con algunos de estos apetitos; no importa que tan consagrado o consagrada a Dios estés o te consideres. Es una batalla de fe, y perseverancia.
Lamentablemente, la religión ha centrado el enfoque en dos bandos que no existen, los buenos y los malos, los sanos y los insanos. No existen, porque somos seres integrales con una carga genética que nos predispone a vivir episodios de salud y enfermedad; por lo tanto no hay sanos e insanos, solo personas potencialmente sanas y potencialmente que pueden enfermar. Y con respecto a los malos y los buenos, la Biblia dice en los Salmos y Pablo lo retoma en su carta a los Romanos, que no hay Justo ni uno solo y que no hay quien haga “lo bueno”, porque todos a una se han desviado. Para esto apareció Cristo, para deshacer las obras del diablo, a quien Dios responsabiliza como causante. Entonces satanás es causante y culpable del mal, y los humanos somos responsables morales de desobedecer y caer en la maldad.
Hay en esta exhortación de Pablo una lista de pecados primarios que podrían desencadenar en otros pecados derivados. Esta lista de Pablo a los Gálatas se agrupan en tres categorías:
1. Pecados sexuales (Gálatas 5:19)
“Sabido es cómo se comportan los que viven sometidos a sus apetitos desordenados: son adúlteros, lujuriosos, libertinos,” GÁLATAS 5:19 BHTI
El comportamiento sexual del que ha abrazado la fe en Cristo debe distanciarse del comportamiento de los que no. Cuando la iglesia gentil, o no judíos, empezó a crecer en el primer siglo de la era cristiana, un importante concilio se llevó a cabo en Jerusalén. Los judíos querían imponer el judaísmo a los nuevos conversos cristianos, y Pablo por encomienda de Dios se opuso a ello, y llegaron a un acuerdo de exigir a los cristianos a guardarse de fornicación o impurezas sexuales (una amplia gama de pecados vinculados a la sexualidad). Así que este mandamiento es histórico y es la voluntad de Dios. No obstante, vemos que dentro de la iglesia de todos los tiempos la castidad no es un valor apreciado, y hay muchas caidas morales de los creyentes en esta área. Eso lo único que significa es; lo que Pablo dice:
“Porque las desordenadas apetencias humanas están en contra del Espíritu, y el Espíritu está en contra de tales apetencias. El antagonismo es tan irreductible, que les impide hacer lo que ustedes desearían.” GÁLATAS 5:17 BHTI
Por eso hay gente frustrada con la vida moral que llevan, porque no leen la Biblia y tratan de someterse a Dios de manera humana, en fuerzas mentales positivas, pero sin fe. El antagonismo existe, entre la carne y sus deseos y una vida bajo el gobierno del Espíritu Santo. Y estar bajo el Espíritu Santo no es mágico, tenemos que esforzarnos cada día para no pecar de esta manera. Y como siempre digo a la luz de la Biblia, si pecamos, confesemos nuestros pecados y busquemos el perdón de Dios para seguir adelante, nunca te quedes postrado o postrada en una caida, por dolorosa y vergonzosa que sea. Y mucho menos te dejes señalar por los demás en tu postración, trátalo con Dios directamente, apóyate de aquellos que son tan humanos como tú y te darán la mano.
2. Pecados espirituales (Gálatas 5:20)
“idólatras, supersticiosos; alimentan odios, promueven contiendas, se enzarzan en rivalidades, rebosan rencor; son egoístas, partidistas, sectarios,” GÁLATAS 5:20 BHTI
En esta categoría, tenemos los pecados de idolatría. Hay otras versiones que hablan de hechicería en vez de superstición, en dado caso es lo mismo. Estos pecados, tienen que ver con la fe que ponemos en otras cosas y hasta personas. Recordemos que Dios es absolutamente celoso de su única existencia como Dios. No hay otro Dios, fuentes de poder, providencia y eternidad; porque todo fue creado por Él y para Él.
En este pecado el mundo está enredado, poniendo la mirada y la esperanza en cualquier cosa, menos en Dios. El mundo ha sacado a Dios de su mente y de su convivencia. Pero lo peor es cuando los cristianos pensamos y actuamos como idólatras. Y aclaro que no solo me refiero a tener estatuas e íconos, sino a la idolatría del corazón, cuando amamos y le damos un lugar preeminente a cosas, personas y metas, más que a Dios. Así que tengamos mucho cuidado.
3. Pecados de carácter o conducta (Gálatas 5:20-21)
“idólatras, supersticiosos; alimentan odios, promueven contiendas, se enzarzan en rivalidades, rebosan rencor; son egoístas, partidistas, sectarios, envidiosos, borrachos, amigos de orgías, y otras cosas por el estilo. Ya se lo advertí a ustedes en su día y ahora vuelvo a hacerlo: esos tales no heredarán el reino de Dios.” GÁLATAS 5:20-21 BHTI
“idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios.” Gálatas 5:20-21 RVR1960
Estos pecados, afectan la conducta, y han llevado a la sociedad actual a una decadencia progresiva. Lo que empeora la situación es cuando dentro de la iglesia estas conductas se anidan en nosotros, y sucede lo que Jesús en el sermón del monte advierte acerca de: “cuando la sal pierde su sabor”, si eso pasa, ¿Cómo salará? ¿Cómo cumplirá su función?
Conclusión: ¿Ahora te das cuenta por qué luchas con tanto? Porque no eres inmune a enfermarte, ni eres incorruptible moralmente. Pero tienes una fe, una creencia bíblica. Por eso luchas. Porque no te ajustas al mundo y sus valores, y desde el momento en que Dios te eligió y tú aceptaste su gracia salvadora, estás en guerra contra tu propia naturaleza. Y eso es clave que lo comprendas para ser victorioso-a. Es necesario para vencer, que hagamos de la lectura de la Biblia una disciplina y de su comprensión una meta.
Recordemos por favor, que Cristo murió sacrificialmente por amor al mundo y por todo el mundo, haciendo efectivo su sacrificio para algunos, o sea, los salvos. Y su salvación es del pecado, y su aguijón, la muerte. O sea, Él nos ha librado de la muerte eterna, pero no de las aflicciones del presente siglo (lo explica Jesús en Juan).
Por eso pelea la batalla de tu vida y no desmayes, y si estás bregando con una enfermedad debes saber que es propio a la naturaleza biológica, y no es un castigo o algo impropio. Por lo tanto, trata de buscar los medios paliativos para sobrellevar tu dolencia, Dios ha provisto al hombre de conocimiento para eso a través de la medicina y terapia medicamentosa.
Pero si tu lucha es moral, en uno o varios de los pecados de estas tres categorías anteriores, igualmente te exhorto a luchar, pero no con paliativos (métodos que alivian solamente), sino con actos de fe: “aplicar las verdades de la Biblia de manera conciente y en oración, tomando medidas que te alejen del peligro de cualquier debilidad en la que sabes que no vas a ganar. No te expongas.
Aconsejar sobre este tema no es fácil, no hay un consejo útil fuera de la Palabra de Dios. Pero debemos sobrellevar las cargas los unos de los otros, y esa es la ley de Cristo, o sea, la ley del amor.
Recuerda las claves de este tema:
El creyente no es un súper humano infranqueable (inconquistable), pero es un alma regenerada y dotada para perseverar hasta el fin.
Ser Cristiano no es estar libre de tentaciones, o de fracasos. Pero implica ser capaces por la fe, de superar cualquier fracaso.
Cristo nos ha provisto de salvación, eso es; de una vida eterna con Él en las moradas celestiales, pero eso no implica ser libres del peligro de pecar.
No somos inmunes a enfermedades, tanto físicas como psíquicas; pero somos hijos e hijas de Dios, sellados para el día del Señor. Ese sello es garantía de una sanidad verdadera e integral más allá de este cuerpo y está vida.
Los deseos humanos, se contraponen o contradicen los deseos del Espíritu de Dios. Nosotros debemos y podemos elegir cuáles deseos alimentamos más cada día, nuestra naturaleza, se compone de dos potenciales: carnal y espiritual. La que más alimentemos, será la fuerte y la que domine nuestra voluntad.
Con esto en mente, oremos para que cohabite Cristo en nosotros, y seamos “más que vencedores” en nuestra batalla decisiva.
Shalom
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