Habacuc capítulo 2 contiene la respuesta de Dios, a la queja del profeta que le inculpa de cierta injusticia. Claro está, es una percepción de Habacuc, propia del ser humano.
En esta respuesta, Dios le revela a su mensajero la justicia que ha de ejecutar contra un imperio de su época; nos referimos a Babilonia. Así que las implicaciones históricas del pasaje ya sucedieron y no volverán a suceder, al menos no en referencia a mismo lugar y actores, aunque la injusticia de la guerra se sigue sucediendo entre pueblos y naciones. Pero las implicaciones morales, esas permanecen, y cobran mayor valor cuando del pueblo de Dios se trata.
Los cinco ayes de Habacuc capítulo 2 conforman un poema ético de alcance social, que pone en advertencia el carácter santo de Dios y lo que Él espera de una nación (Israel) y de un solo pueblo (la Iglesia) sin dejar de mirar al sujeto, a la persona.
- El ¡Ay! de la injusticia social: ¡Ay del que acumula lo que no es suyo! Es un veto a cometer cualquier acto que atente contra la seguridad social integral de una o más personas.
“Pues bien, todos los pueblos lanzarán contra él sátiras, sarcasmos y adivinanzas. Dirán: ¡Ay del que acumula lo que no es suyo! ¿Hasta cuándo amontonará prendas de empeño para sí?” Habacuc 2:6 BHTI
La aplicación es primeramente de alcance social. Todo sistema de capitalismo descomunal bajo filosofías liberales, termina en esclavitud de las masas. Pero de la masificación sociopolítica, se pasa a la permeabilidad individual. ¿Cómo nos involucra individualmente? Nos hacemos parte del sistema codicioso y avaro, cuando validamos con la conducta toda clase de explotación económica. Babilonia fue elegida por Dios, para atacar la severa crisis política, religiosa y moral de Israel. Aquella queja de Habacuc, era por demás carente de memoria propia, pues no recordaba los pecados de su propio pueblo.
- El ¡Ay! De la maldad operante: “el fruto de la maldad”.
“¡Ay del que forja su casa con el fruto de la maldad, para poner a salvo su nido y librarse de la adversidad!” Habacuc 2:9 BHTI
El fruto de la maldad es evidentemente una actitud abusiva. Si Babilonia fue abusiva en sus conquistas, el sistema de hoy aparentemente más humano, es también abusivo de otras formas, y también esto nos puede afectar en la vida personal y familiar. En primer lugar la maldad inhibe la bondad; ya conocemos en los Evangelios que por exceso de maldad el amor de muchos se enfriará. La codicia es la envoltura perfecta de esta maldad porque las personas matan, envidian, engañan, subyugan y embaucan, por codicia.
- El ¡Ay! De la violencia.
“¡Ay del que edifica una ciudad con sangre y la cimenta sobre el crimen!”Habacuc 2:12 BHTI
La violencia en todas sus formas es una abominación contra Dios, y es evidente que este ¡ay!, es un recordatorio no solo al profeta, sino también lo es para todos los pueblos y en contexto Dios nos recuerda entonces que, “toda la tierra está bajo el conocimiento pleno de Dios”. Esta idea del conocimiento de Dios cubriendo la tierra, nos evoca la omnisciencia, omnipotencia y omnipresencia de Dios, quien está mirando a la humanidad. No quedará impune el quebranto que propinan las naciones poderosas a las más pequeñas. Pero también este tema atañe a cada uno de nosotros los hijos e hijas de Dios en particular, puesto que la violencia se genera desde el corazón humano, se sistematiza en la familia, y corroe la sociedad.
- El ¡Ay! De la humillación:
“¡Ay del que hace beber a su prójimo y lo emborracha con bebida drogada, para luego contemplarlo desnudo!” Habacuc 2:15 BHTI
En este lamento hay una referencia a la marginación social, al saqueo y empobrecimiento de los pueblos, por medio del despojo.
Una historia que se ha repetido con los pueblos originarios. Pero es una advertencia contra la injusticia que avergüenza al pobre y desvalido. Los creyentes tenemos que tener conciencia social y no ser partícipes de formas esclavistas ni vergonzosas.
Hay un halo de prepotencia, maldad y oportunismo en este ¡Ay! No hay forma de que nos escapemos a este escrutinio, en una generación llena de indiferencia hacia los desposeídos.
- El ¡Ay! De la idolatría
“¡Ay del que dice a un leño: “Despierta”, y a una piedra muda: “Ponte en pie”! ¿Podrá alguno de ellos hablar? Está recubierto de oro y plata, pero no alberga ningún aliento vital.” Habacuc 2:19 BHTI.
Este gigantesco ¡ay!, exhorta y advierte acerca de lo abominable del ser humano que confía en dioses hechos a la medida, menospreciando al único y verdadero Dios. Y es de sobra conocido que la idolatría moderna no trata solo de palo y yeso, sino de una actitud en el creyente, que prioriza cualquier cosa antes que a Dios.
Estos ayes fueron las sentencias contra Babilonia, y en su contexto se cumplieron cada una de estas acciones. Pero el valor moral de estas advertencias permanecen y resuenan en nuestros corazones, para que comprendamos las demandas de un Dios Santo, a una iglesia inserta en una generación llena de maldad.
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