En esta ocasión quiero presentar en contraste, dos Salmos muy valiosos para comprender la realidad humana con y sin Dios. Me refiero al Salmo 14 y el salmo 32, que hacen un contraste entre la maldad y corrupción del humano afincada en su rechazo de Dios, y la verdadera justicia de los hombres que solo se alcanza por medio de la fe en Dios. Sin Dios, todo acto benevolente es primeramente un rayo de bondad divina sobre su creación, y un intento humano por acallar conciencia.

Usted recordará que a menudo nos referimos a dos conceptos opuestos, uno es la maldad y el otro es la justicia. La Biblia habla de la condición de la humanidad que está corrompida y que no hay quien haga lo bueno; pero por otro lado la Biblia habla del hombre bueno, o bondadoso, o justo.

Leamos estos versículos:

“Alegraos en Jehová y gozaos, justos; Y cantad con júbilo todos vosotros los rectos de corazón. Salmos‬ ‭32:11‬ ‭RVR1960‬‬‬‬‬‬‬‬

El Salmo 32 se atribuye a David y es de carácter penitencial. Si leemos todo el poema, vemos retratado a un hombre que pecó terriblemente, y al arrepentirse encontró el perdón de Dios. Ese es David, el hombre que experimentó el amor de Dios en cada estupidez que cometió. Entonces compone este poema al encontrar el salvoconducto en Dios.

La conclusión a la que llega el Salmista, es el versículo 11 que refleja en David el perdón; él se sintió así, libre de culpa e inocente y por eso dice: “alegraos y gozaos los justos”.

Desde la perspectiva bíblica, nadie es justo, si no se vive ese proceso de reconocimiento de pecado, arrepentimiento y entrega, en el que Dios mismo concede la declaratoria de absolución por medio de Cristo, declarando justo al penitente, que es culpable.

¿Puede Dios declarar inocente al culpable, sin comprometer su carácter santo y Justo? Claro que sí, de eso trata la Biblia, nos muestra cómo Dios ingenió su plan en favor de hombres y mujeres que como David somos tan culpables de la maldad asestada en aquel desdichado día en Edén (génesis 3). Dios declara inocente al culpable que le cree y se hace merecedor de su perdón en Cristo. De eso trata el otro Salmo que tenemos en contraste:

“Dice el necio en su corazón: No hay Dios. Se han corrompido, hacen obras abominables; No hay quien haga el bien.” Salmos‬ ‭14:1‬ ‭RVR1960‬‬.‬‬‬‬‬‬

Este Salmo junto al 53, son también de David, donde expone la corrupción del género humano; que es tan endémico que contaminó todo alrededor suyo. Esta palabra en hebreo para “corromper” se refiere a la acción de autoinfligir, o causarse daño uno mismo.

Entonces cuando la Biblia habla de que el hombre se ha corrompido, hace referencia no tanto al mal que el género humano causa, sino al daño que se causa a sí mismo, y por lo tanto que causa a los otros y a su medio ambiente. La acepción o significado primero de la palabra “corrompido” en estos Salmos, y que usa Pablo en la carta a los Romanos, es: “dañar o causar daño echando a perder su esencia”. Y nada es más cierto, que la verdad de que el humano se malogró en su constante necedad.

Pero la peor necedad de hombres y mujeres, es no reconocer a Dios, ya que esto los llevará por un camino constante de “corrupción”.

Que Dios nos ayude a reconocer nuestra necesidad de absolución y declaratoria divina de inocencia. Porque culpables no hay duda, pero regenerados, solo en Cristo es posible. Rechazarlo sería cavar nuestra eternidad en una tumba.

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