“Pero a todos los que lo recibieron, a los que creen en él, les dio el derecho de ser hijos de Dios.” Juan‬ ‭1:12‬ ‭NBV‬‬‬‬

La enseñanza bíblica es clara en decirnos: “cree en el Señor Jesucristo y serás salvo…”. Para ser salvos es necesario el perdón de nuestros pecados, y que la deuda moral con Dios quede saldada. Es un maravilloso aspecto del evangelio.

¿Pero después de ser salvos que sigue? Pues sigue “ser hijos e hijas de Dios”. Y es aquí donde muchos nos quedamos alguna vez estancados, y nos recuperamos dichosamente; pero otros siguen estancados. Y es que tenemos el derecho de ser hijos, y actuar como hijos, más no es lo mismo tener el derecho que usar tal derecho, o dicho de otra manera más técnica: actuar en la jurisprudencia celestial (jurisprudencia es el conjunto de decisiones y sentencias emitidas por un juez o una corte en pleno derecho). Dios nos ha otorgado el derecho en Cristo para ser sus hijos e hijas, eso en teología lo llamamos la doctrina de la adopción, y en el sentido judicial o del derecho que le da el texto, es jurisprudencia.

La mayoría de las veces los cristianos ven este camino de fe, como la ocasión para ser perdonados, y no están pensando mal, necesitamos el perdón de Dios. Pero la vida cristiana empieza con el perdón de Dios, otro concepto judicial (hemos sido absueltos de culpa).

La clave está en el concepto de creer, ya que creer en Jesús como mesías, es una acción, no un pensamiento. Creemos que Cristo es perdonador entonces nos comportaremos como perdonados y no como resentidos. Creemos que Jesús es purificador, entonces viviremos como purificados. Creemos que Cristo es Señor, entonces nos conducimos como esclavos de Él. Y así vamos haciendo la lista de lo que implica creer en Cristo, y vivir bajo esa marca distintiva.

¿Sabe lo que pasa cuando ese creer es intelectual solamente? Sucede la actuación teatral. La persona actúa un rol, pero es evidente que se esfuerza en su capacidad limitada. De ahí, las recurrentes contradicciones entre lo que oímos de la Biblia y lo que vivimos, entre lo que decimos creer y lo que hacemos.

Creer es comprometerse con la causa de Cristo, y el compromiso es la característica distintiva entre aquellos que creen para salvación y los que creen para actuación teatral.

Al final, creer para ser hijos e hijas, es la clave de todo; pues los hijos e hijas no vacilan en su fe y salvación, más allá de sus propias luchas en la carne, ellos se saben victoriosos en los méritos de Cristo en la Cruz.

Atrévete a tomar por derecho celestial tu lugar de hijo e hija, viviendo el compromiso de Cristo, y negándote los tuyos propios.

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