“Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias.” Filipenses‬ ‭4:6‬ ‭RVR1960‬‬‬‬‬‬

Hemos escrito otras veces acerca de la ansiedad, y hemos desarrollado puntos de vista de actualidad respecto a este mal, y cómo se ha enraizado como el mal de nuestra sociedad.

En esta ocasión quiero compartir con ustedes la sencillez pero lo preponderante de esta demanda bíblica. Si no atendemos este mandato de Jesús y de los apóstoles, terminaremos en serias dificultades para guardar la santidad y mantenernos victoriosos, y fallaremos al propósito de la vida cristiana: “haber alcanzado la integralidad de la Paz de Dios en nuestras vidas”.

Spurgeon, reconocido predicador inglés decía sobre este tema: “debemos sustituir el afán por la oración”.

Me gusta pensar en ese enfoque de sustituir, porque asume la realidad de que el afán toca la puerta de nuestras vidas y debemos hacer algo con ello. El afán es hacernos cargo de todo, aún de aquello que es imposible para nuestras habilidades y capacidades.

Además, debemos comprender que el afán y la ansiedad están emparentadas, ya que el afanarnos, nos llevará a la ansiedad como enfermedad del alma (trastorno mental o de personalidad).

Pero antes de pensar en la fórmula bíblica, reflexionemos un poco en el afán como motor de vida, porque en la actualidad parece ser el motor que mueve las masas. No debemos dejar que las cosas por hacer y nuestras metas; pero sobretodo el consumismo del mundo capitalista; nos domine. Es a eso a lo que Jesús nos exhortó y que luego Pablo replica.

La fórmula bíblica es como bien apuntaba Charles Spurgeon: “sustituir afán por oración”. Pablo dice y aquí voy a parafrasear: “no se afanen por nada, sea real o sea imaginario, antes bien (sustituir) sean conocidas sus necesidades en oración y con gratitud”.

El llamado es, evitar el afán, aunque por naturaleza llega cada día a nuestras vidas. ¿Cómo podría ser esto? Bueno, cuando ponemos en nuestra lista consumista, muchas otras cosas más que no necesitamos. Esto nos arrebata lo que ganamos en equilibrio emocional y también monetario; dejando de lado las verdaderas necesidades que contribuyen a nuestro desarrollo y crecimiento, como: la salud, la educación, y el compartir con los necesitados.

¿Difícil? Lo es más, cuando decidimos seguir viviendo a nuestra manera y bajo nuestros valores, ignorando la sabiduría de Dios en su Palabra. Si Jesús y luego Pablo nos dan este mandato de no afanarnos, y confiar a Dios nuestras necesidades, entonces esa es la fórmula. Y esta fórmula tiene una demanda importante: es la fe o la confianza en Dios.

No orar y estar muy preocupados, es una clara evidencia de falta de fe o confianza en Dios. Y de alguna manera es también soberbia y alguna pizca de egocentrismo. ¿Ven cómo vamos perdiendo santidad? La verdad es un tema que la iglesia y los creyentes hemos decidido no tocar porque no estamos dispuestos a asumir la responsabilidad.

Este mandamiento del Señor y de Pablo, no es un llamado a la mediocridad o a estar pasivos ante la vida. Es más bien un llamado a la responsabilidad de ser coherentes con la fe y no dejarnos dominar por una vida ostentosa a costo de nuestra salud y felicidad. Así es como vive la gente materialista. Solo ganan para gastar en vanidades y no tienen ni les alcanza para honrar a Dios con sus bienes. Para estos creyentes la obra de Dios y las misiones son superfluas (carecen de valor), pero sus caprichos son necesidad de orden prioritario.

Oremos, pidamos perdón y esforcémonos por alcanzar este sabio consejo, y mejor si lo recibimos como un mandamiento del Cielo.

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