El conocimiento es un principio de luz. El problema que ha tenido la humanidad es que ha hecho del conocimiento, su razón y su dios. Por cierto un dios que defraudó al humanismo porque no resolvió el gran problema humano que es la “depravación” del corazón del hombre (emociones y voluntad). Esa corrupción de la que se habla en varios Salmos, replica Eclesiastés 7:20 y de la que hizo eco el apóstol Pablo en Romanos 3:10 al escribir: “no hay justo, ni aún uno”.

No obstante, del conocimiento viene esa luz que libera, y quiero apostar a una interpretación más amplia de este principio bíblico plasmado de manera magistral en palabras de Jesús:

…y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres. Juan 8:32

La verdad como arjé del cristianismo – entendiendo arjé como la razón primordial y primigenia de la existencia misma – es desde la perspectiva bíblica, aquella verdad absoluta que entrama la existencia humana.

Luego, cuando la persona ha encontrado la verdad que le da sentido a su existencia, y le traza un camino, esta verdad tiene una acción liberadora. El ser humano entonces es libre de los mitos (relatos y tradiciones), mentiras (apariencias) y oscuridad de la mente (el alma).

La palabra griega usada en este texto es: aledsés, compuesta por dos partículas: una negativa más un verbo: a + ladsános; que al unirse significan: «sin esconder» (Alédseia).

La verdad es aquello que no está escondido. Y es a partir de la verdad, que podemos aplicar modificadores de conducta que nos ayuden a ser mejores personas, pero es también esa verdad que devela lo que somos; la que nos permite mirarnos imposibilitados de la salvación sin la acción del Salvador, nuestro Señor Jesús.

Jesús nos está diciendo con total certeza, que todo lo que esté sin esconderse acerca de Él, o sea, lo que se nos ha revelado acerca de Él, nos traerá libertad. Por lo tanto, es claro que en primer lugar esconder el mensaje del Evangelio a la humanidad; no predicándolo o negándolo, es oscuridad para el alma y muerte espiritual.

Pero el contexto de este texto nos da para entender que, hay otras verdades que debemos conocer para ser libre de pequeñas cadenas que aprisionan nuestros pensamientos, ideas y decisiones. Somos llamados primeramente a la libertad moral, pero también a ser en esencia nosotros mismos, sin imposiciones políticas, sociales ni económicas.

Es indudable que educarnos más, nos hará más libres del mito, la mentira social y el autoengaño. Pero ante todo nos permitirá conocer a Cristo como camino, verdad y vida.

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