“Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros,” Efesios 3:20 RVR1960

Pablo en este capítulo ha descrito su llamado a los gentiles, como una obra de gracia y un misterio del reino de Dios. Para lo cual el poder desplegado ha sido vitalmente extraordinario, y es el mismo poder que habita en los alcanzados por el Evangelio a los que Él les ha predicado. Terminando en una oración de gratitud a Dios y una doxología (alabanza).

Se nos pone en perspectiva del potencial dentro de nosotros, no desde el pensamiento positivista del humanismo, sino de la experiencia con Cristo y a través de Cristo. Una experiencia sellada con la presencia del Espíritu Santo en nosotros que nos va regenerando día con día. Pero no cabe duda que, nuestro pensamiento debe ser positivo y generar una acción positiva emanada del Espíritu Santo, y una convicción del poder de Dios que puede darnos más de lo que pedimos; y sobretodo, darnos lo que necesitamos justamente.

Por eso se nos exhorta a pensar en el poder que actúa en nosotros, como un poder que viene de fuera para operar o actuar en nuestro interior, y no como un poder intrínseco. Definitivamente por la gramática y el contexto, es una referencia a la obra divina de regeneración por medio de la obra operante del Espíritu Santo.

En conclusión, nuestra mente no es capaz de liberar el poder de Dios, porque su poder es más de lo que podemos pensar y de lo que pedimos. Dios puede hacer más, mucho más. Y de eso se trata, de la milagrosa transformación que Él está haciendo en nuestra vida.

Pablo termina el capítulo alabando a Dios, eternamente. Y así debemos nosotros con tal actitud alabarlo en medio de los tiempos.

“a él sea gloria en la iglesia en Cristo Jesús por todas las edades, por los siglos de los siglos. Amén.” Efesios 3:21 RVR1960

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