La voz del llamado Divino
Estamos tentados a pensar que Dios pierde control de algunos hechos históricos. Pero más allá de comprender o no la soberanía de Dios en esencia, solo debemos aceptar que Dios es soberano. Nada se sale de su control, aún aquellas cosas que no podrían venir de su carácter santo y benevolente. Esta parte de la narrativa bíblica, nos lleva a esa encrucijada, donde el paradigma ha cambiado, y ahora Dios separa. Desde esta figura, es que empezamos a comprender el concepto de “consagración”; la forma de separamos para un propósito mayor.
“Un día el Señor le dijo a Abram: «Deja tu tierra, tus parientes y la casa de tu padre, para ir a la tierra que yo te voy a mostrar.” Génesis 12:1 DHH94I
Ya el trato no es con descendencias y genealogías innumerables, ahora es con un hombre llamado Abraham, y con su esposa, sus sirvientes y su sobrino Lot. En aquella larga caminata de fe, se teje otra historia que cambiará a todas las naciones del mundo hasta hoy.
¿Cuál es el llamado específicamente? Dejar atrás. Atrás debía dejar el amor por su terruño, y despedirse de sus parientes para empezar a caminar con Dios. “Deja tu tierra, tus parientes y la casa de tu padre”.
Los arraigos del corazón, indudablemente son: la tierra, la familia, y el nombre. De una u otra forma, esos arraigos nos impiden avanzar a nuevos destinos, si no marcamos la debida prioridad. Pero Dios no quería probar con Abraham, Él solo ordenó…¡desarráigate!
La pregunta es, ¿de qué debemos desarraigarnos hoy para avanzar obedientes al plan del Señor? Cada uno de nosotros tiene respuestas diversas.
La consagración, es sabernos apartados de y para; y ello connota propósito, desarraigo de aquello que nos impide avanzar, crecer, madurar y ser plenos. Y sin esas cualidades, ¿cómo serviremos a quienes más lo necesitan?
Esta es una historia maravillosa porque cada promesa de regeneración y salvación, se construyó y empezó con Abraham y su familia, yendo en otra dirección. Para nosotros es una lección de vida y propósito: “no debemos avanzar necesariamente hacia dónde va el mundo y sus culturas”. Porque las grandes respuestas existenciales y espirituales no las dictará el mundo, sino Dios el diseñador del mundo.
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