• 26 Entonces el varón le dijo: ―Déjame ir, porque ya amanece. Pero Jacob le contestó: ―No te soltaré si no me bendices.
  • 27 ― ¿Cómo te llamas? —le preguntó el varón. ―Jacob —fue la respuesta.
  • 28 ―Ese ya no será tu nombre —le dijo el varón—. A partir de hoy te llamarás Israel, porque has luchado con Dios y con los hombres, y has ganado. Génesis 32:  26-28 (NBV)

Dos milagros han sucedido para el reencuentro familiar entre Jacob y Esaú: El apaciguamiento del enfado asesino de Esaú contra su hermano Jacob, y la transformación de Jacob, el engañador mentiroso.

Jacob, después de las mentiras que tramó con su madre para engañar a Isaac, usó aquella misma herramienta para lograr otras cosas, como las riquezas que tomó de mano de Labán. Pero también, Labán le engañó endosándole a Lea su hija mayor antes que Raquel, la menor y el amor de Jacob. También Raquel, engañó a Jacob y a su padre Labán al robar los ídolos de su padre; una especie de figuras familiares  para la suerte. Entonces podemos ver la entramada historia de Jacob llena de engaños para lograr pequeñas verdades en su vida, esas que eran genuinas, como el amor por Rebeca que quizá fue hasta ese momento lo más genuino de sus emociones.

De toda la historia, entonces el tema escondido es: “La transformación resultante de un verdadero encuentro con Dios”. Jacob había orado y erigido altares muchas veces a Jehová el Dios de su abuelo Abraham y de su padre Isaac. Pero hasta que tuvo ese encuentro con Dios en Peniel, y la presencia misma de Dios le tocó y debilitó su potencial humano, entonces empezó el cambio de su vida. Aquella transformación pasa por la idea de un hombre que lucha con Dios y vence, pero no es que Dios sea vencido por un engañador, es que Jacob lucha con esa voluntad perfecta de Dios para su vida, y vence por la misericordia de Dios, inmerecida para él, pero que le alcanza, lo desencaja en su cadera y lo apacigua. Y ahí le da la victoria mediante la transformación de su personalidad y carácter, tipificado en el cambio de nombre. Pasó de llamarse Jacob o “engañador” a Israel, que significa “el que lucha con Dios”. Este nombre no abona la idea de uno que pelea en contra de Dios, sino de uno que pelea al lado de Dios. Otra traducción en hebreo para Yisraél o Israel, es: Él Gobernará, sembrando la idea de que Dios tomará el control en la vida del transformado. Luego, es muy significativo que la bendición en este relato está vinculada a transformación de vida, y no a posesiones.

Todos nosotros necesitamos ser transformados de manera radical aquí y ahora para la gloria de Dios y para nuestra sanidad mental (una personalidad equilibrada y útil a la sociedad), así como para la resolución de todo conflicto familiar que en nuestra carne viciada hemos propiciado. El drama de la sociedad actual, esa que tanto criticamos por cómo se comporta, tiene un poquito de nosotros, lo queramos o no aceptar; ya que es en el núcleo de nuestras familias que se forjan los valores que rigen la sociedad. Pero no debemos desfallecer por ello, debemos orar como Jacob y pedir ayuda del Señor, reconociendo lo inmerecido pero urgido que estamos de sus bondades.

La historia de Jacob, se debe mantener en su contexto de lo que pasó, y no forzar moralejas que no hay en ella; pero es indudable que nos acerca al carácter de Dios y cómo Él quiere manejar nuestra historia, nuestra familia y nuestras relaciones. A la vez que nos muestra la oscuridad de la esencia humana.

Todos necesitamos nuestro Peniel.

Aplicación práctica
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