“Ninguna arma forjada contra ti prosperará, y condenarás toda lengua que se levante contra ti en juicio. Esta es la herencia de los siervos de Jehová, y su salvación de mí vendrá, dijo Jehová”. Isaías 54:17 (RVR60)
Algunos cristianos crecimos con este texto, escuchándolo siempre en nuestras reuniones de oración. Era por excelencia un texto de “guerra espiritual”. Aún hoy seguimos escuchando su recitación como una letanía de salvación. Y ciertamente es una poderosa promesa de salvación, pero no circunstancial ni cosmética. Es una promesa de salvación definitiva muy a pesar de las circunstancias.
Por lo tanto, creo que el uso descontextualizado de esta promesa, no es adecuado. Cuando Isaías recibe esta promesa para Israel, el pueblo la comprende como una forma de retorno a Dios y su bondad; el castigo ha pasado, ellos han vivido un valle de muerte por sí mismos y ahora Dios les rescata y les promete protección oportuna. Pero entendemos que la nación no se volvió invisible a otros enemigos hasta el día de hoy, tampoco se volvió una nación intocable por el mal, el pecado, la injusticia, etc. Entonces, la promesa como la ha usado la iglesia no es válida. ¿Cómo la ha usado? Muchos leen y creen que, ninguna arma (no definen que tipo de arma) y ninguna lengua o juicio (no definen que tipo de juicio) que se levante contra un cristiano, va a prosperar, en sentido literal. La realidad nos muestra otra cara de esta posición evangélica. Miles de cristianos alrededor del mundo que han orado así, murieron por epidemias y diversas enfermedades, fueron llevados a juicios ante tribunales a causa evangelio; y perdieron ante leyes humanas, perdieron hijos e hijas mientras servían a Dios como misioneros, perdieron familias en el fragor de la vida, perdieron hijos e hijas que se alejaron de Dios; siendo ellos devotos creyentes, muchos de ellos inclusive tuvieron caídas morales, espirituales, crisis de fe, etc. Y… ¿qué pasó con la poderosa promesa de Dios? Esa promesa es la más poderosa de todas las que yo pueda leer, y eso, que todas las promesas de Dios son poderosas. Veamos esta promesa en su contexto:
- Isaías es un libro de carácter universal, aunque todo el libro es un compendio profético de futuro mesiánico; esta segunda parte es especialmente de consolación a la nación de Israel, manteniendo el paralelismo con el pueblo universal de Dios, que son todos sus elegidos desde la eternidad hasta la eternidad. Así que esta promesa es para consolar a Israel, prometiendo que ellos nunca más serían abandonados en manos opresoras. Promesa cumplida porque eso no sucedió más, porque aunque vinieron otros imperios que los sojuzgaron, ellos nunca fueron desalojados por completo de Palestina, hasta hoy. Pero tampoco fueron infranqueables en su tierra para que mentalmente no se establecieran para siempre en ella, ya que la patria que Dios les había prometido es celestial; según el escritor de Hebreos en consonancia con los profetas.
- Isaías no por nada es llamado el profeta mesiánico, ya que su visión y misión fue ayudar al pueblo a mirar al mesías venidero. Eso significa que sus visiones, menciones y significados, nos deben llevar a un cumplimiento espiritual del plan de Dios por medio de Cristo el mesías.
- El capítulo 54 en su propio peso dicta el sentido de la promesa: “Dios y su soberanía, estarán por encima de las intenciones de maldad en contra de su plan”. Porque el plan de Dios no era Israel, es un plan más grande y universal. Echemos un vistazo a otros versículos del capítulo, en una versión más dinámica que nos ayude a una comprensión de contexto:
16 Yo he creado al herrero que desde abajo de la fragua da viento a los carbones y fabrica las armas destructivas. Yo he creado los ejércitos que destruyen. 17 Pero aquel día ninguna arma que se vuelva contra ti triunfará, y se te hará justicia contra toda calumnia que se esgrima en los tribunales. Esta es la herencia de los siervos del Señor, esta es la bendición que te he dado, dice el Señor. Isaías 54: 16-17 (NBV)
Dios le dice a Isaías, y aquí usaré mi propia paráfrasis: “yo he creado al herrero, ese que hace las armas, pero no he creado un herrero que pueda hacer un arma que te destruya”. Sin embargo, si yo sigo siendo vulnerable, ¿a qué arma se refiere? Evidentemente es una metáfora que nos invita a mirar el poder de su salvación, pues no importa cuánto intente destruirnos satanás nuestro enemigo, el mundo nuestro enemigo, y el pecado nuestro enemigo; la salvación que Dios ha provisto no podrá ser derrotada jamás. La pregunta clave sería: ¿eres salvo, salva? Porque si Dios te ha elegido y te ha salvado, tú deberías saberlo y celebrarlo.
Miremos el contraste de mi argumento, con los siguientes textos del capítulo en cuestión:
7 Por un breve momento te abandoné, pero te recogeré con grandes misericordias. 8 Con un poco de ira escondí mi rostro de ti por un momento; pero con misericordia eterna tendré compasión de ti, dijo Jehová tu Redentor. Isaías 54:7-8 (RVR60)
El lenguaje que usa Isaías poniendo emociones humanas en Dios, es una forma del Emanuel de Isaías, Dios con nosotros, quien nos habla de manera que no quepa la menor duda o comprensión del mensaje. El abandono, la ira, y el ocultamiento de la presencia de Dios, se pesan en balanza como “poco, breves y momentáneas”. Pero en contraste, sus misericordias compasivas son pesadas en balanza como “muchas y eternas”.
En conclusión, estas armas forjadas, son entonces aquellas que atentan contra la seguridad que los elegidos de Dios debemos tener acerca de nuestra salvación. No existe ninguna arma propia del mundo, de satanás y de nuestra carne débil, competente para destruirnos, o sea, hacernos morir eternamente. Aunque eso no significa, que seamos inmunes a las enfermedades, ni a la decadencia del cuerpo. Tampoco significa que seamos intocables por los enemigos de Dios y de su Palabra. Solo significa, y es suficiente con eso; que la victoria final es nuestra, no del mundo, ni de la carne, ni de satanás.
“…Esta es la herencia de los siervos de Jehová, y su salvación de mí vendrá, dijo Jehová”
Pablo habla de que somos coherederos con Cristo. Pues aquí está la herencia de la que Pablo argumenta. La herencia de los salvos, es la salvación misma que viene de la misma mano de Jehová, “El Yo Soy”.
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