Si alguna persona, empresa, o el gobierno nos hace daño; a eso se le conoce como el mal operante. El mal puede ser en contra nuestro, pero lo más escalofriante es que el mal lo podríamos perpetrar nosotros en contra de otros.
Pablo a los Romanos les dice que no hagan mal, pero como respuesta al mal mismo. Por el contrario, el consejo apostólico es no dejarse vencer por el mal, haciendo el bien.
“No dejen que el mal los venza, más bien venzan el mal haciendo el bien.” Romanos 12:21 NTV
La tarea se torna muy difícil, porque no es una característica del humano dejar pasar la ofensa. Siempre queremos por orgullo, responder a la menor ofensa y a las heridas. La Biblia no nos dice que ignoremos el mal, nos dice que venzamos haciendo lo contrario. Si la Biblia dice que el mal se vence actuando desde el otro frente, de manera radical, pues eso es lo que debemos hacer.
¿Cuánto daño te han hecho? Cuando eras niño o niña, abusos, maltratos físicos, psicológicos, abandono. Ahora que ya sos adulto o adulta, más maltrato, más abandono. Sí, el mundo es cruel. Los impulsos del humano siempre son de muerte. Pero si usted responde con igual o peor maldad, te estás re victimizando; eso significa que te estás infligiendo más heridas. Así que el consejo de Pablo, que más que de él, es de Dios; es que no caigamos en el círculo de la violencia física, verbal y psicológica, cerremos el círculo con la ayuda del Espíritu Santo que mora en nosotros.
La sanidad y el perdón, no es eximir al agresor de su responsabilidad de hacer daño. El perdón es un proceso interno y espiritual, en el que decidimos no continuar el daño ahora desde nuestro interior, a través de la fijación de un hecho, palabras y recuerdos. En otras palabras, el perdón es soltar en nosotros al agresor. Pero aquellas personas que perpetran la maldad, aún tienen una cuenta con Dios mismo.
Cuando el mal vence, nos volvemos malos en nuestras respuestas tanto internas (hacia nosotros mismos y hacia Dios) como externas; respondiendo con saña a la o las personas que nos hicieron mal. El resultado es amargura, más dolor, y toda clase de psicopatologías que hoy abundan en nuestra sociedad.
Todo deseo de venganza es por defecto autoflagelante, en donde las víctimas, se autovictimizan; y de eso nos quiere guardar Dios dándonos esta Palabra.
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