Y ahora, gloria sea a Dios, que puede hacer muchísimo más de lo que nosotros pedimos o pensamos, gracias a su poder que actúa en nosotros. Efesios 3:20 (DHH)

Propiamente en el capítulo 3, Pablo pone énfasis en el cimiento de la iglesia; haciendo mucho hincapié en la unidad y el amor. La iglesia es referida aquí como una familia, cuya paternidad viene de Dios, referenciando el nuevo nacimiento o nueva vida en Cristo.

El texto en cuestión, es uno que pone de manifiesto la convicción de Pablo respecto a la soberanía de Dios. Sus circunstancias son deplorables en aquella prisión, su segundo encarcelamiento y el último antes de morir, posiblemente bajo el aberrante cetro de Nerón (década del 60 del primer siglo). Pablo en otras de sus cartas de prisión, así nos lo deja ver: “Porque yo ya estoy para ser sacrificado, y el tiempo de mi partida está cercano”. 2 Timoteo 4:6 (RV1960)

Entonces, ¿cómo es que Pablo da gloria a Dios? Y más aún… ¿cómo es que afirma que Dios puede hacer muchísimo más de lo que él puede pedirle o incluso pensar? Muy sencillo en la lógica Paulina, un hombre que desde antes de que Cristo le fuera revelado, ya manejaba el concepto de “Causa” y “Honor”. Ahora él lo aplica con mayor convicción:

“…por lo cual pido que no desmayéis a causa de mis tribulaciones por vosotros, las cuales son vuestra gloria” Efesios 3:13

Pablo dice: “mis tribulaciones, son vuestra gloria”. La lógica de la subordinación de ideas, nos indica que para Pablo, los sufrimientos de Cristo son una causa, y su causa nuestra gloria, la gloria de la iglesia.

Sin una causa no se alcanza una meta, no hay por qué ir tras una. Le damos vuelta a la idea, y decimos: “Toda meta tiene una causa”. Para Pablo, la meta era la edificación de la iglesia y su unidad, su causa entonces, que Cristo fuese predicado para llegar a esa meta, pero esa causa le significó muchas privaciones y sufrimientos, que al final darían honor a los alcanzados por su predicación, llevando gloria al Dios y Padre de todos:

¡Gloria a Dios en la iglesia y en Cristo Jesús, por todos los siglos y para siempre! Amén. Efesios 3:21 (DHH)

Entonces, ¿podemos nosotros los creyentes dar gloria a Dios, cualquiera sea la situación? Sí, pero dependerá que estemos tras la meta correcta. Y para tener la meta correcta; debemos trabajar en la causa correcta.

¿Cuál es tu causa?

Para comprender la causa de Pablo, basta con leer todo el nuevo testamento, pero el libro de Hechos en especial, detalla los argumentos con los que Pablo se defendió de la muerte. Cuando le querían matar sus hermanos judíos, Pablo no permitió que se le acusara con mentiras. Pablo siempre dijo: mi causa es predicar acerca de: “la esperanza y la resurrección de los muertos”. Aquellas expresiones eran formas muy comunes de resumir el “Evangelio de Cristo”.

Como vemos, la causa es importante, Pablo no quería morir por ser acusado de rebelión política o blasfemia. No obstante, un día próximo a esta carta de Efesios en la que hemos reflexionado hoy, Pablo murió por la causa correcta: “Predicar a Cristo, la esperanza y la resurrección”.

Podemos tener la circunstancia más privativa de nuestras libertades, pero confiar siempre en el mensaje del Evangelio: “Esperanza y resurrección”. Eso será suficiente para orar como Pablo:

20 Y ahora, gloria sea a Dios, que puede hacer muchísimo más de lo que nosotros pedimos o pensamos, gracias a su poder que actúa en nosotros. 21 ¡Gloria a Dios en la iglesia y en Cristo Jesús, por todos los siglos y para siempre! Amén. Efesios 3:20-21

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