Deja ir a mi Pueblo
Dios
Es una frase histórica y bíblica, pronunciada desde el corazón de Dios en lenguaje humano. Creer en la encarnación tardía de Dios en el Mesías, es una visión corta de la realidad presente y encarnada de Dios, en la cultura, la lengua y la fe de los pueblos, y más aún en medio de las circunstancias del hombre.
Cristo en todo caso es la completitud o perfección de todo el plan y propósito visible de Dios. Pero Dios ha estado en medio de la humanidad presente en sus necesidades y sufrimientos en todas las épocas, acompañándole en la medida que la humanidad lo ha permitido.
Para comprenderlo mejor, pensemos este ejemplo: madres y padres le explican a sus hijos e hijas, que no les darán toda clase de gustos a cambio de nada. Y usted quizá dirá, yo no pienso así, pero al final es así en la práctica; porque estoy seguro que no dejaran que sus hijos hagan todo cuanto quieren; a cambio de protegerles de lo que por naturaleza están inhibidos a ver por su inmadurez. Dios con sus hijos hace lo mismo, pues en la medida que no hemos alcanzado la perfección en Él, en la medida que no hemos sido glorificados en Él, y somos frágiles, Dios nos acompaña en limitación. La limitación que nuestro corrupto corazón propicia. Y por eso Dios por ahora solo lanza un grito de autoridad: “deja ir a Mi Pueblo”. ¿Eres parte del pueblo de Dios? Hay una orden irrevocable contra satanás y el mal, de dejar ir a quienes ya Dios ha librado. Es un aspecto crucial de la fe.
Israel, es la primera nación que recibe y escucha esta frase de manera audible en labios de Moisés, cuando éste enviado por Dios a Faraón, le dice:
Después Moisés y Aarón entraron a la presencia de Faraón y le dijeron: Jehová el Dios de Israel dice así: Deja ir a mi pueblo a celebrarme fiesta en el desierto. Éxodo 5:1
Hasta diez veces el grito sale de las entrañas de Dios mismo; “deja ir a mi pueblo”. ¿Por qué Dios no solamente tomó aquella nación y la sacó de la servidumbre? Y más aún, ¿por qué no saca de esclavitud a naciones, a pueblos y personas hoy? Volvemos a la comparación que les hacía, de los padres que limitan o estorban a sus hijos, pero al final, los hijos harán lo que tienen a bien hacer. No se libra de esclavitud, esclavizando.
Y Dios nos acompaña en ese proceso de liberación, más no nos obliga a ser libres. Si eso hubiera hecho Dios con Israel, hubiese sido una relación en codependencia, pero Dios lo que busca es una relación de total dependencia humana a ÉL, no porque Él sea narcisista; sino porque Él es Dios todo poderoso, increado y siempre existente y muy misericordioso.
Deja ir a mi pueblo, es un grito divino no de desesperación, sino de autoridad y empatía con el sufrimiento humano. Una autoridad que como tal no se impone a la voluntad humana, creada por Dios mismo, pero que advierte con potencia las consecuencias de no oírlo, como cuando los padres advierten a los hijos, si no les escuchan el consejo.
Deja ir a mi pueblo, es al final, deja ir a mi pueblo. Por lo tanto no es un ruego, sino una oportunidad para que el tirano de las vidas humanas desista de su afán esclavizador. Diez veces extendió aquel grito de libertad: “Deja ir a mi pueblo”. Pero el tirano probó su veracidad y paciencia a precio de todo cuanto tenía. El mal trabaja apostando todo contra la humanidad, no se guarda nada y pretende destruirnos junto con su miseria. Pero Dios nos está acompañando en ese proceso a la libertad.
Si alguien leyendo estas líneas está atravesando por la crudeza de la esclavitud humana, llámese; dolor emocional, enfermedad, desesperanza, limitaciones; ya sea por sus decisiones pasadas, o en su mismo presente sin explicaciones aparentes; pero alberga algo de fe en su corazón, este mensaje es para usted: Dios está caminando a tu lado y te acompaña limitado por tu propia existencia y no por la de Él.
El grito de Dios a las circunstancias, a la enfermedad y a lo que te agobia; sigue siendo deja ir a mi hijo o hija para que me adore. El llamado es para ir a tierra de libertad y adorarle.
La frase completa de Dios a Faraón fue: “Deja ir a mi pueblo para que me celebre en el desierto”. Por cierto, un lugar muy sugestivo para adorar a Dios, en medio de la nada, y de la nada la muerte. Pero es en la nada y de la nada que Dios Crea. Dios creó el universo y te creó de la nada, porque lo único que Dios necesita para obrar con poder es Nada. Cuando por fin sientas que no tienes nada, estarás listo y estarás lista para empezar con Dios.
Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado. Hebreos 4:15
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