La Biblia describe cualitativamente la eternidad en compañía y presencia de Dios, más que describir la economía y ecología del nuevo mundo. Quizá porque lo más importante para el hombre es encontrar un consuelo para su cansado espíritu. De aquellos ojos nublados por lágrimas de sufrimiento, infligidas por el pecado, las enjugará Dios.

Por alguna razón, hemos llegado a pensar que, la tierra y los cielos actuales serán deshechos y cambiados por algo nuevo de la nada. Pero lo cierto es que en estudios más cuidadosos, concluimos que realmente la creación también espera redención. La redención implica aquella frase repetitiva de Dios creador: “y vio Dios que era bueno…” refiriéndose a todo cuanto creó, y que fue a su vez desfigurado de su imagen original, por la caída moral del humano.

El camino que Dios eligió para imprimir su voluntad en medio del caos causado por el pecado, se llama redención, no es la destrucción. Por lo tanto, una nueva creación no vendrá “ex nihilo” o de la nada, como lo hizo la primera vez. Ahora será una regeneración o restauración de todas las cosas, y hay bastante evidencia en la Biblia que así lo señala. Pablo dice:

18 Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse. 19 Porque el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios. 20 Porque la creación fue sujetada a vanidad, no por su propia voluntad, sino por causa del que la sujetó en esperanza; 21 porque también la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios. 22 Porque sabemos que toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora; 23 y no sólo ella, sino que también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción, la redención de nuestro cuerpo. Romanos 8:18-23

El impacto del acto redentor es cósmico, no es un juego. Ciertamente la otra parte de la literatura que nos habla del futuro, o del siglo venidero, es Apocalipsis, donde Juan recibe una descripción de la culminación de ese proceso de redención. Los elementos ardientes que serán deshechos según Pablo, encuentran descripciones gráficas en esta revelación.

Pero seamos bien claros, no hay una descripción de la vida allá, que se asemeje a la que tenemos aquí, en cuanto a lo que haremos o como lo haremos. Ni es cierto que las descripciones den la idea de un culto evangélico que no terminará allá en la eternidad – que por cierto de niño me desanimaba esa idea y quizá aún no encuadra en mi mente – pero lo cierto es que el nivel de adoración es otro, marcado por la presencia absoluta de Dios en medio de los salvos.

3 Y oí una gran voz del cielo que decía: He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios. 4 Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron. Apocalipsis 21: 3-4

Las dos promesas más importantes, que encontramos son más que simplemente pensar en cómo serán las casas allá, pues la morada a la que Cristo hace alusión, no podría encontrar paralelo con nuestras actuales vivencias, de lo contrario esto sería una decepción digna del existencialismo moderno. Primero, Dios estará con los salvos (será el Emanuel) y luego, enjugará toda lágrima, o sea, todo dolor y sufrimiento será inexistente en una eterna y poderosa consolación.

La imagen de un cielo nuevo y una tierra nueva, es la misma del nuevo nacimiento de los creyentes por la obra redentora de la cruz. La creación sujeta a vanidad o despropósito a causa de la maldad, espera su redención y utilidad vital.

El mar no existía más, pero sí un río cristalino que emana paz, contrario a un mar embravecido y algo rebelde.

Vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existía más. Apocalipsis 21:1

Después me mostró un río limpio de agua de vida, resplandeciente como cristal, que salía del trono de Dios y del Cordero. Apocalipsis 22:1

Es un lugar diseñado para el Shalom y el reposo eterno del pueblo de Dios. No describe ni aporta detalles absolutos de nuestra realidad corpórea, pero lo cierto es que tendremos cuerpos glorificados, y poseer un cuerpo no parece cambiar en su plan. Pero lo que sí es seguro que cambiará, es que no habrá más tristeza ni dolor, pues no habrá muerte; paga del pecado que será erradicado.

Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron. Apocalipsis 21:4

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