Respondió Juan, diciendo a todos: Yo a la verdad os bautizo en agua; pero viene uno más poderoso que yo, de quien no soy digno de desatar la correa de su calzado; él os bautizará en Espíritu Santo y fuego. Lucas 3:16
Bautismo en agua en pocas palabras, es un acto humano de confesión pública de nuestra fe, que testifica nuestra decisión de seguir a Cristo. Pero esa ablución total en agua, es un simbolismo de regeneración o nueva vida. Un sumergir en el agua aquel cuerpo de pecado, y ser levantados de esa agua en un cuerpo nuevo listo para la obediencia (aun cuando desobedeceremos después del bautismo, pero dotados para arrepentirnos, es un acto de fe).
El bautismo en el Espíritu Santo y fuego, es un acto de Dios, es una promesa que viene desde el Antiguo Testamento, sobre todo en los profetas y en especial el profeta Joel. El fuego nos refiere a un acto de purificación.
En Cristo somos regenerados y purificados, por la obra sacrificial de la cruz. Es el Espíritu Santo, quien viene como parte de la promesa de esta obra que es continua.
El libro de hechos es el relato de un “kairós” o tiempo de cumplimiento profético específico, en el que Dios da seguimiento a su plan de redención, ahora en la etapa del cumplimiento de Joel 2:28
Entonces Pedro, poniéndose en pie con los once, alzó la voz y les habló diciendo: Varones judíos, y todos los que habitáis en Jerusalén, esto os sea notorio, y oíd mis palabras. 15 Porque éstos no están ebrios, como vosotros suponéis, puesto que es la hora tercera del día. 16 Mas esto es lo dicho por el profeta Joel. Hechos 2:14-16
Luego hechos relata las otras ocasiones en que el Espíritu Santo confirmaría, sobre todo a los cristianos judíos, que también samaritanos, prosélitos (no judíos convertidos al judaísmo) y paganos, recibirían la dotación del Espíritu Santo. Las evidencias fueron visibles y portentosas: hablaron en lenguas conocidas pero que no eran sus lenguas maternas ni dominaban, hubo lenguas de fuego visibles sobre sus cabezas, un ruido estruendoso, en fin; un tiempo de evidencias. ¿Para quienes? Para los presentes, incluso los no creyentes, pero sobre todo debía ser evidente para la iglesia misma, porque el mensaje fue y es también hoy, que el Evangelio y el Espíritu Santo es dado a todos los llamados por Dios, ya no sería más un asunto de algunos dotados, pues todos los creyentes serían dotados de poder.
Las evidencias más importantes se narran en la vida de la iglesia en el primer siglo, su forma de presentar el evangelio y el compromiso que adquirieron con la causa de Cristo, que ahora sería la causa de ellos. No tuvieron más separatismos étnicos, eran aceptos tanto samaritanos como paganos, que se convertían a las enseñanzas de Jesús.
A finales del siglo XVIII y en su apogeo durante el siglo XIX, la evidencia se enfocó en hablar lenguas y se descuidaron las otras evidencias de la fe, cayendo en el separatismo otra vez, separando a los que sí hablaban lenguas y los que no. Un efecto contrario al de pentecostés.
La principal enseñanza, es que el Espíritu Santo vino a la iglesia en el primer siglo, para dotar a todo creyente de pureza y valor para afrontar la apostasía. El Espíritu Santo nos acompaña, es nuestro ayudador, nos conforta en la prueba y nos confronta con el pecado. Él es Santo, y nos santifica. Nos recuerda lo que la Biblia dice, y que a veces pretendemos olvidar.
Todo cristiano es primeramente nacido de nuevo, y sin el Espíritu Santo, no es posible un nuevo nacimiento. Así que, el Espíritu Santo está en cada creyente y nos capacita para todo.
El significado intrínseco es: Sagrado (físicamente puro, moralmente sin culpa y ceremonialmente consagrado).
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