“«Los maestros de la ley y los fariseos tienen la autoridad de explicar la ley de Moisés. Así que hagan caso de todo lo que ellos les dicen, pero no sigan su ejemplo porque ellos no hacen lo que ellos mismos dicen.”
Mateo 23:2-3 PDT
Me sobrecoge esta lectura. Yo inicié a dar mis primeros pasos en estudiar e interpretar la Biblia a escasos 9 años. Es una tarea que desde entonces me apasiona, y para lo cual me fui preparando y documentando al pasar de los años. Y así como yo, muchos estudiosos y estudiosas de las Sagradas Escrituras, preparan enseñanzas y predicaciones, discipulados y consejerias. Pero, ¿Cuál es la responsabilidad? Es la más exigente de todas las tareas pedagógicas. Porque las exigencias vienen directamente del Señor, dueño de la verdad. Dios Padre y su hijo Jesucristo.
El mensaje en este texto es sencillo:
- La Autoridad del conocimiento: Fariseos y Escribas, interpretan la ley Mosaica con la autoridad que requiere la acusiosidad de la ley:
La autoridad de ellos, derivó del conocimiento, y esa es una clase de autoridad, diferente a la autoridad espiritual.
Podemos dominar el método, la hermenéutica o interpretación, la exposición de la Biblia y el conocimiento histórico y del significado, eso nos da autoridad o credibilidad ante los hombres. Pero si no interiorizamos el mensaje para que nos transforme a nosotros; perdemos la autoridad espiritual.
2. La obediencia es de carácter personal: Hagan lo que ellos les dicen que hagan:
Obedecer la verdad bíblica, es ganancia, no es una razón válida no obedecer las Escrituras, por no avalar el testimonio de quien nos predica.
Así que, si eres de los que se escudan en el mal testimonio de un predicador para no obedecer, estás tan lejos de Dios y de su gracia, como el predicador mismo.
3. La Autoridad Espiritual: “Pero no sigan el ejemplo de ellos, porque ellos hablan pero NO hacen conforme a su discurso”:
Precisamente, aquí está modelado por negación, lo que es la autoridad espiritual. Si los predicadores y maestros, no vivimos los principios que enseñamos, no tenemos autoridad espiritual.
Que triste es para personas que enseñamos la Biblia, tener que decir: hagan lo que digo, pero no lo que hago.
Que Dios nos ayude a servirlo en santidad. Y aplicar el conocimiento con sabiduría práctica.
Shalom
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