La pregunta más intencionada en el cristianismo, dentro de la retórica, la encontramos en Romanos capítulo ocho: ¿Qué, pues, diremos a esto?

Claro está que, el contexto del pasaje es acerca de la doctrina menos comprendida de la Biblia, y la más rechazada por la doble moral humana.

Tendemos a rechazar aquello que no entendemos, o que no explica las cosas a la luz de nuestros propios argumentos.

En Romanos capítulo 8 versículos 1 al 27, Pablo habla de la Ley de Vida en el Espíritu, o sea, de la nueva criatura. Ese nuevo ser, que experimentó una caída moral estrepitosa y total, ahora nace; y no nace de la tierra, de donde Dios literalmente le dio origen, forma y aliento, de su propio aliento, ni nacerá otra vez de un vientre fecundo, pues ahora nace de Dios, desde su misma esencia divina y santa, a través de la obra del Espíritu Santo.

Si hacemos una lectura sistemática, comprendemos que en la creación, Dios nos creó, y lo hizo tomando una sustancia también creada: la tierra. En esencia somos criaturas, del mismo material cósmico de la creación. Claro está, Génesis nos relata que, el hombre y la mujer, fueron hegemónicos en el marco creacional. Pero criaturas al fin. Y en esta nueva experiencia, la criatura es concebida y nace de Dios. La diferencia es abundante. No hemos sido creados otra vez, hemos nacido de Dios por medio del Espíritu Santo. Por lo tanto, nacidos de Dios, hijos de Dios. Ahora, esta verdad no anula la primera verdad: Somos criaturas finitas en espacio y tiempo, o sea, Dios nos formó del polvo de la tierra, ese polvo cósmico del cual están hechas todas las cosas en el universo, por voluntad y acción de Dios. Pero en el día final, lo que solo es polvo, será desechado. Mas lo que es nacido de Dios, permanecerá hasta la eternidad con Él.

Pero en los siguientes versículos, del 28 al 39,  Pablo explica; cómo el ser humano puede llegar a ser una nueva creación, por nacimiento. Y el apóstol explica que, es por “decisión” divina, una clara referencia a la elección divina, desde la presciencia o preconocimiento de Dios; lo que llamamos la doctrina de la predestinación.

Y Pablo por eso, al ser desarticulado de sus argumentos farisaicos, pregunta: ¿Qué, pues, diremos a esto? …su respuesta es: “¿Si Dios es por nosotros, quien contra nosotros?”

“¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?” Romanos 8:31 RVR1960

Ni nuestros mismos argumentos, ni los argumentos desde afuera, nos podrán separar de su Amor. El argumento del amor divino es sólido, en tanto que sea únicamente en Dios mismo. Por tanto es inamovible, milagroso y misericordioso.

Pablo entonces termina diciendo sin lugar a dudas bajo la ley inmanente de Dios, la ley del Espíritu de Vida que es en Cristo, lo siguiente:

Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro. Romanos 8:38-39 RVR1960

Mi corazón solo puede agradecer tal convicción divina, tal acto de amor incontaminable. Y ser quien Dios dice que soy: su hijo, desde antes de la fundación del mundo, desde el vientre de mi madre. Ahí, donde sus ojos me vieron tal cual su guion decía.

 Mi embrión vieron tus ojos,

Y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas

Que fueron luego formadas,

Sin faltar una de ellas. Salmos 139:16

¿Lo dirás tú con tal convicción? Espero que no solo lo digas, sino que lo creas y lo vivas.

Shalóm

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