La maldad es una patología moral de larga data. Los primeros humanos la experimentarían y trasmitirían al resto de la humanidad. Y mientras el humanismo secular y científico defienden la bondad como aspecto común al humano, el cristianismo explica el mal moral como una caída espiritual congénita, que atacará el vínculo de unidad social desde las bases celulares; la familia.
“Habrá tanta maldad, que la mayoría dejará de tener amor hacia los demás.” Mateo 24:12 DHH94I
La temática del pasaje en mateo 24, es escatologia, o sea, señales del fin. Y es que una característica de los últimos tiempos es aumento de la maldad. Una maldad en todo sentido, pero si leemos bien los tiempos, la misma será impulsada en la dogmatizacion de la inmoralidad sexual, desde los aparatos políticos mundiales.
La filosofía y la psicología, han dado una lucha histórica, por ayudar a la humanidad a comprender el bien mayor (felicidad), a través de conocernos mejor, y así ayudar a milllones de personas con trastornos y males del alma.
Sin embargo, los casos de padecimientos del alma aumentan, porque el mal es uno solo: se llama maldad o pecado.
Y mientras el hombre busca en fuentes limitadas, la Biblia y la teologia como vehículo explicativo; nos da respuestas.
Por ejemplo, estos días, Hungría está en el horno babilónico de Europa, porque se ha parado firme contra la imposición de la ideología de género, legislando no en contra de personas adultas que quieren ser homosexuales, sino en favor de proteger a los niños en medio de tales decisiones adultas. La indignación de las masas que respiran el odio y libertinaje, dogmatizan su perversidad; atacando a toda una nación, que dentro de sus límites geopolíticos, no les sigue.
La frase: “el amor de muchos se enfriará”, es lapidaria. Pero es lo esperable, ya que la enfermedad, es contagiosa. Muchos serán derrotados por la maldad. Pero la esperanza para los hijos de Dios, está asegurada y arraigada en la perseverancia:
“Mas el que persevere hasta el fin, este será salvo.” Mateo 24:13 RVR1960
La esperanza es amar a Dios, guardar sus mandamientos y así ser preservados por Él, de este siglo malo.
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