Todos los creyentes asentimos cuando se nos pregunta si creemos que Dios es soberano. Pero lo interesante es cuando nos vemos presionados a detallar ese concepto de soberanía, y nuestra lógica nos plantea cuestionamientos éticos (el porqué de la conducta de Dios) acerca de esa soberanía.
Creemos que Dios es soberano, pero que no actúa libremente en algunos aspectos, solo tomemos tiempo y escuchémonos, cuando argumentamos o explicamos acerca de acciones de Dios, y nos atrevemos a interpretar constantemente esas acciones divinas, y no es que sea incorrecto interpretar, de hecho, necesitamos hacerlo. Pero el cuidado debe centrarse en la conclusión a la que llegamos acerca de Dios. En todos los temas, cualquiera sea; Dios es soberano.
Basado en la soberanía de Dios, leeremos algunos pasajes bíblicos, y trataremos de comprender el tema de la “elección” o predestinación.
Como está escrito: A Jacob amé, mas a Esaú aborrecí.
14 ¿Qué, pues, diremos? ¿Que hay injusticia en Dios? En ninguna manera. 15 pues a Moisés dice: Tendré misericordia del que yo tenga misericordia, y me compadeceré del que yo me compadezca. 16 así que no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia. Romanos 9:13-16
Pablo nos introduce este tema, mismo que nos amplía en otras de sus cartas. Pero Pablo lo hace con naturalidad. No interpreta, sino que parte de una verdad incuestionable para él, alegorizando a Israel. No obstante, las preguntas existen, y Pablo se toma la atribución de adelantarse a las dudas del lector, y plantea por medio de la retórica, el debate que muchos de nosotros tenemos a lo interno: ¿Es Dios injusto al aborrecer a unos y amar a otros?
Debemos partir desde otra ventana del conocimiento para procesar esta doctrina de la elección, y es, el carácter santo, perfecto y justo de Dios. La respuesta inmediata a esa pregunta es: Dios no es injusto jamás. Y comprender que, “…Por cuanto todos pecaron, fueron destituidos de la gloria de Dios”. O sea, toda la humanidad está justificadamente condenada a una eternidad alejada de Dios.
Por lo tanto, si Dios condena a alguien está siendo justo, y si no condenara la rebelión de la criatura, sería realmente injusto. Pero cuando Dios “decide” soberanamente proveer salvación al hombre, no lo hace sobre la base de la injusticia antes mencionada, sino sobre la base de la bondad, o la misericordia.
La misericordia es un acto de “no justicia”, pero un acto que parte de su voluntad soberana, por lo tanto nunca llega a ser “injusticia”. Ya que la injusticia es toda acción que contradiga la voluntad de Dios. Y bueno, Dios no se contradice a sí mismo al otorgar misericordia.
29 Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. 30 Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó. 31 ¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros? Romanos 8: 29-31
Pablo, apóstol
Una vez más, vemos la seguridad del apóstol Pablo respecto a la obra omnímoda (plena) y soberana de Dios. No hay duda, y no omite sus preguntas de raciocinio. Él se confronta consigo mismo con preguntas difíciles cuando toca temas difíciles.
Mi consejo es: “no interpretemos, donde hay una explicación no anclada a lo cultural y ceremonial, o donde haya una metáfora”. Cuando no hay elementos culturales de peso, o cuando hay una metáfora que arroja una conclusión definitiva, no requerimos decir otra cosa diferente a lo que dice el texto. Y este es el caso del tema de la elección divina, donde Pablo explica el tema, a través de un modelo preexistente al cristianismo, poniendo a Israel como ese modelo de elección. Así como Dios amó a Jacob, y a Esaú aborreció o descartó. Hoy al igual que con la estirpe de Isaac, Dios elige a personas desde su presciencia o pre conocimiento. Sabe Él, y solamente Él, que responderán a su esencia divina, con fe.
Nosotros no sabemos esos misterios y no los sabremos, porque la Salvación y todas sus acciones asociados, son exclusivos de Dios, nada ni nadie intervendrá en ese proceso.
Esta doctrina de la elección, enfoca en la pregunta: ¿Cuál es el propósito de Dios al enviar a su hijo a la cruz?
Entonces, Dios trazó un plan salvífico, para salvar a su pueblo. Y es así que Dios diseñó una Redención o Expiación definitiva. Y esto no quita que la sangre de Cristo sea suficiente para todo el mundo, sin embargo, su sacrificio es efectivo para la Salvación solamente de su pueblo elegido.
8 Mas, oh amados, no ignoréis esto: que para con el Señor un día es como mil años, y mil años como un día. 9 El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento. 2 Pedro 3:8-9
Pedro, apóstol
Analicemos el texto de 2 Pedro:
- La primera clave es: Dios no quiere que ninguno perezca, porque es paciente para con nosotros.
Voluntad: “Dios no quiere que nadie se pierda…” habla de la voluntad de Dios, lo que Él desea. Y Dios tiene una voluntad; que los estudiosos nos ayudan a comprender en tres dimensiones:
- La voluntad decretada: Son las acciones soberanas de Dios, incambiables e inviolables. La creación, el devenir de la historia, las leyes de la física, la disposición de los tiempos y estaciones, etc.
- La voluntad preceptiva: Los preceptos o mandamientos dados por Dios a las personas. Y esta voluntad no siempre se cumple, porque el hombre tiene libertad moral para acatarlos o no.
- La voluntad de la disposición divina: Son aquellas acciones o deseos, que trastocan “las emociones de Dios” (características antropomorfas de Dios)
- La segunda clave es la palabra “ninguno”. ¿Ninguno, quién o quiénes? Hay más sentido en leer este texto con esta óptica. Pedro habla en primera persona: “es paciente para con nosotros”. Nosotros, es el sujeto de la oración de esta idea esbozada en estos versículos de 2 Pedro 3. Entonces para Pedro, “nosotros” es una comunidad específica, un pueblo escogido por Dios, que reúne a todos los salvos.
Así podemos ir concluyendo, que Dios desde el principio está enfocado en un pueblo de toda lengua, tribu y nación; que serán salvos por su soberana elección, y bajo los méritos únicos de Cristo, sin la intervención del humano.
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