Ezequiel es un profeta del exilio, su visión y misión está cargada de imágenes retóricas y dramatizaciones, todas propias de una personalidad dotada de versatilidad. Sus mensajes combinan una explicación causativa con promesas de restauración.
Su mensaje ha dado lugar a diferentes vertientes del pensamiento cristiano, a la vez que ha superado a los apáticos del misterio y el silogismo teológico (argumentación teológica). Pero Ezequiel, profeta y sacerdote, conocedor de la ley de Dios, proclama tanto males como salvación.
Lo más importante al leer Ezequiel, es que usted tome en cuenta que las representaciones dramáticas del profeta, son una forma didáctica para enseñar una verdad que marcará el destino de un pueblo. Y que sus visiones, como la del valle de los huesos secos, son una alegoría de la restauración del remanente fiel. Un remanente que no representa a Israel como nación, sino a un nuevo pueblo, formado de los dos pueblos; judíos y gentiles.
Es desde Ezequiel principalmente, que muchos han desarrollado una teología sionista, sí, uso la palabra adecuada, ya que “Sionismo” es un movimiento político-religioso, que busca vindicarle a Israel derechos y estatus que Dios mismo le quitó en el devenir de su trato con la nación judía. Y no es que Dios los haya desechado, es que Dios ha preparado “algo mejor” para nosotros también, juntamente con el remanente fiel de Israel, a fin de que no sean ellos perfeccionados aparte de nosotros, según lo explica hebreos 11:40.
Así que leamos Ezequiel, comprendiendo la situación de desdicha y esclavitud de los judíos cautivos en Babilonia, comprendamos a la luz de las demandas de Dios, las causas de tal disciplina, y veamos en las metáforas de restauración, la promesa de vida a todos aquellos que responderán al Evangelio de gracia. Todas las promesas en la Biblia, que tratan de la vida eterna, la restauración y la salvación; no pueden estar supeditadas a un solo pueblo. Aún la imagen de los profetas, como Ezequiel y otros, acerca de un templo para reanudar los sacrificios de animales, es algo difícil de ver objetivamente en el contexto de toda la verdad bíblica. Lo más probable, es que ese nuevo templo sea una alegoría a la presencia de Dios mismo en la eternidad, donde moraremos con ÉL. Así como no habrá necesidad de sol, ni de luna, ni de nada cósmico, tampoco lo habrá de ritos y ceremoniales religiosos en la comunión de la luz verdadera que alumbra a todo hombre.
La promesa
“Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne.” Ezequiel 36:26 (Reina-Valera 1960)
¿Pueden ver las implicaciones de esta promesa? Implica un proceso divino, de una nueva creación. En Juan capítulo 3, la enseñanza que Jesús deja en el corazón de Nicodemo, es acerca de “Nacer de nuevo”. Una verdad espiritual, en la que Dios nos hace nuevas personas por medio de la acción del Espíritu Santo”. No se nace de nuevo por voluntad humana, sino por voluntad Divina.
El corazón de piedra que Ezequiel introduce en su profecía, es una fosilización de la voluntad.
Reflexiones
Todos nos hemos llegado a fosilizar en nuestras emociones y pensamientos, no permitiendo cambios en nuestras vidas, a no ser por la obra del Espíritu Santo. Por eso, la Biblia dice que es el Espíritu Santo el que convence de pecado, de justicia y de juicio. O sea, una radicalización de la vida; con nuevas expectativas.
Solo Dios puede trasplantar el corazón humano y poner uno que sea sensible a su llamado.
La Biblia
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