¿No ves que estoy llamando a la puerta? Si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré en su casa y cenaré en su compañía. Apocalipsis 3:20

Algunos biblistas ven en esta cena, la cena del Señor, aquella narrada en los evangelios cuando horas antes de su muerte, Jesús la come por última vez con sus discípulos en Jerusalén durante la Pascua. Jesús les dice: “no la comeré más, ni beberé más la copa, hasta que se cumpla en el Reino de Dios”.

Otra manera que podemos verla es, intimidad de una relación con Cristo, la alusión necesaria de Jesús en este texto, a tocar la puerta, si se abre podré entrar y cenamos juntos, no es una alusión a una cena de negocios, o de cortesía; es una cena de oportunidad. Nos hace recordar también el salmo 23 cuando habla de: “aderezas mesa delante de mí en presencia de mis angustiadores”. ¿Cuáles son nuestras angustias? ¿Que nos angustia más en la vida? Dios mismo prepara nuestra mesa con manjares, es nuestra cena como una metáfora de bienestar, de bienvenida, de aceptación en Él, a la vista de nuestras angustias y angustiadores. ¡Tendremos angustias! así que el mensaje no es ser librados de ellas, el mensaje es ser acompañados en medio de ellas. Constantemente mi tema alrededor del mensaje de la Biblia es este: Problemas existen en nuestra vida, angustia y aflicciones vienen, peligros corremos, y no somos inmunes a nada de eso. Pero Dios ha prometido estar con nosotros, ha prometido que no sufriremos pérdidas espirituales.

La imagen de Jesús parado a la puerta y tocando, es una retórica de las oportunidades que Dios nos da a los humanos, de trascender a la vida temporal. Pero si no somos capaces de darnos esas oportunidades abriendo la puerta aquí y ahora, ni siquiera podremos pasar a la eternidad para sentarnos a la mesa con Cristo. Como podemos ver, la imagen de Jesús tocando a la puerta de nuestro corazón, vista desde otro ángulo, ya no es abrir la puerta a Jesús, más bien es abrirnos paso nosotros mismos a la oportunidad de la vida eterna, oyendo su llamado amoroso de intimidad con Él.

La imagen de Jesús tocando a la puerta del corazón humano, casi suplicante, distorsiona la centralidad de la Teología bíblica. La imagen es una retórica que nos da la respuesta consigo misma. O abres la puerta, o tendrás pérdidas eternas.

Ahora ya no es Cristo quien necesita que le abran la puerta, somos nosotros los que necesitamos abrir esa puerta de oportunidades con Él. Por eso al otro lado de la puerta ¿qué es lo que vemos?

Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono. Apocalipsis 3:21

Queridos amigos y amigas, Cristo de manera poética nos presenta su invitación a no confiar en nuestras riquezas humanistas de bondad, ellas no alcanzan, y la Biblia a diferencia de los mejores manuales de filosofía, nos presenta la necesidad de, no solo vivir con moderación buscando el bien más alto de la vida, sino que nos ayuda a enfatizar en el cambio radical de nuestra mente a través de la Palabra de Dios, visualizando con trascendencia algo más que lo que tenemos y vemos en nuestro reducido mundo.

Cristo sigue tocando la puerta, de nosotros depende abrirnos camino con Él

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