«Deléitate asimismo en Jehová, Y él te concederá las peticiones de tu corazón.” Salmos 37:4 RVR1960
En este salmo David toca un tema ético: «aquellos que sin honrar a Dios, prosperan».
Había un enfado intrínseco en quienes servían a Jehová, pero sufrían adversidad. Vemos dos situaciones muy marcadas en Israel, una era la constante necesidad de parecerse a las otras naciones; aún cuando Dios les había llamado a ser diferentes. La otra actitud en Israel, era la de reclamar equidad, confundiéndola con justicia. Ellos querían ser iguales a los otros (eso es equitativo) pero Dios quería actuar con justicia (eso es hacer lo correcto).
David entonces, sabido de aquello que abundaba en sus corazones, es movido a reconocer que:
1. Los malos no prosperan eternamente (Justicia divina).
“No te impacientes a causa de los malignos, Ni tengas envidia de los que hacen iniquidad. Porque como hierba serán pronto cortados, Y como la hierba verde se secarán.” Salmos 37:1-2 RVR1960
“Guarda silencio ante Jehová, y espera en él. No te alteres con motivo del que prospera en su camino, Por el hombre que hace maldades.” Salmos 37:7 RVR1960
2. La actitud que Dios demanda, es un corazón que se deleite, o sea, que se deje moldear por su voluntad (justicia divina)
La palabra “deleitarse” en hebreo, significa: “maleable o moldeable”, “suave y dulce” y “delicado de carácter”.
Así que, cuando David dice: “deléitate en Jehová, está significando que nos abandonemos en las manos de Él para ser moldeados por la presencia y deseos de Dios. Y eso es confianza en la bondad, provisión y motivos de Dios para nuestras vidas, aún en la adversidad.
“Encomienda a Jehová tu camino, Y confía en él; y él hará.” Salmos 37:5 RVR1960
Debemos evitar mirar a los malvados o impíos, como medida de comparación para los deseos o metas de nuestro corazón. Y compararnos con el estándar de Dios.
¿Cuáles son los deseos de tu corazón? De seguro el salmista no se está refiriendo a los caprichos mezquinos y pecaminosos del hombre, y sin embargo aún los deseos y metas loables del creyente, deben ser sometidas al escrutinio de la voluntad divina.
Por lo tanto, deleitarnos en Dios es sometimiento a Él, con total placer personal en ello.
Creo que debemos deleitarnos en Dios y en el resultado final:
“Porque los malignos serán destruidos, Pero los que esperan en Jehová, ellos heredarán la tierra.
Pues de aquí a poco no existirá el malo; Observarás su lugar, y no estará allí.
Pero los mansos heredarán la tierra, Y se recrearán con abundancia de paz. Salmos 37:9-11 RVR1960
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