Perseverancia: La última llamada
Hacia el ocaso de nuestra vida terrenal, más atención debemos poner a las cosas del espíritu, como escribiera Pablo: “Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra” Colosenses 3:2.
Cuando Dios creó el cosmos, partió de la nada. De la nada hizo lo que es, lo que existe. Todo apunta que una hecatombe cósmica alteró aquella majestuosa obra. Génesis relata que todo era un caos en la oscuridad, y luego la Palabra de Dios, en un acto llamado teológicamente el imperativo divino, hizo que el caos diera lugar al orden divino y a la majestuosidad nuevamente.
La luz apartó la densa tiniebla que mantenía fría e inerte la tierra y el universo. Juan dice, que las tinieblas no prevalecieron conta la luz. También leemos, que la expansión separó las aguas arriba de las aguas abajo, y las separó de tal manera que apareciera la tierra seca. Y entonces, todo estaba debidamente equilibrado para que la tierra, el agua y la atmósfera fueran fructíferas. La vida comenzó, y todo ello era la gloria misma de Dios.
Pero una vez más, la simiente de maldad que ya estaba en medio manifestaba su antagónica agenda. La imperfección al asecho de la perfección, la inmundicia al asecho de la pureza, la estupidez al asecho de la virtud, la pequeñez al asecho de la grandeza, lo burdo al asecho de la majestuosidad, la maldición al asecho de la bendición, la muerte al asecho de la vida; y todo parecía volver al caos, un caos que se muestra hasta nuestros días.
Es un ciclo de decadencia moral, cuyo círculo vicioso nos atropella inmisericorde, y la única esperanza se plasma en el Evangelio. Única pero efectiva esperanza, que nos lleva a cerrar el círculo maldito. Dios, una vez más nos ha dejado promesa que un día el caos y la oscuridad del alma, la oscuridad moral, la oscuridad intelectual, la oscuridad de perversidad; será destruida junto con los cielos y la tierra, convirtiendo la tierra en otro caos mayor que el primero. Pero la gloria postrera, será mayor que la primera.
Los salvos gozarán de aquella majestuosidad de Dios y su nueva creación. Cielos nuevos y tierra nueva. Los ciclos son entonces: Perfección, destrucción – destrucción, nueva perfección.
Pero entre la destrucción del principio en el Edén, hasta la destrucción de este mundo de muerte en el día postrero, los creyentes viviremos igualmente ciclos de violencia, desaprobación y hostilidad, cada vez más crudos hacia el final de todas las cosas.
¿Ha leído alguna vez el capítulo 11 de la carta a los hebreos? Es un capítulo que no debería ser llamado los héroes de la fe, sino, los que murieron en la fe y por la fe. El escritor no tenía la menor intención de señalar héroes; sino de recordarnos la importancia de la perseverancia de los santos, más allá de las aflicciones y del martirio. El poder de estos relatos en hebreos 11 es la resiliencia – esa capacidad del creyente para superar las aflicciones y el miedo a la muerte, por su Salvador – y esta virtud se basa únicamente en la “confianza” en las promesas de Dios. El mundo nunca ha sido digno; ni lo será, de esta clase de creyentes.
“A estos, que anduvieron sin rumbo por desiertos y montañas, por cuevas y cavernas, el mundo no los merecía”. Hebreos 11:38 (NBV)
Pero hay claras advertencias en la Biblia acerca de estos tiempos finales: hostilidad en todo sentido:
- Hostilidad política, biológica y ecológica: “Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá pestes, y hambres, y terremotos en diferentes lugares” Mateo 24:7.
Minimizamos estos hechos como si no es con nosotros. Craso error del mundo, pero pecado de omisión por parte de la iglesia. Esta hostilidad no es parte de una evolución social, ni ecológica; es cumplimento escatológico (los eventos del fin descritos en la Biblia).
La ideología política oportunista, que no tiene rumbo predicando un socialismo mal vivido y por tanto inexistente, pesca en río revuelto. Las ideologías de género que contradicen de manera frontal la verdad de Dios, y la cambian por argumentos de odio sexista, toman fuerza. El hambre que parecía ser combatido por una sociedad más culta, científica y humana; crece por la soberbia del poder. Las pestes incrementan evolucionando en ambientes propiciados por la sobrepoblación, malos hábitos alimenticios y de higiene; y quizá por manipulación genética; algo no comprobado, pero ampliamente sospechado. ¿Y qué de la ecología? ¿Es el calentamiento global una mentira? o es como dijera el otrora candidato presidencial estadounidense, señor Al Gore, ¿una verdad incómoda? La Biblia dice:
“Pero el día del Señor vendrá como ladrón en la noche; en el cual los cielos pasarán con grande estruendo, y los elementos ardiendo serán deshechos, y la tierra y las obras que en ella hay serán quemadas”. 2 Pedro 3:10.
La pregunta que surge es: ¿Debemos preocuparnos por el planeta o por nuestras almas? Para los científicos proteccionistas es una pregunta odiosa, pero ciertamente es nuestro cometido; pensar en salvar nuestras almas, ya que irremediablemente el cosmos no tiene futuro, pero usted y yo sí. Ahora, este no es un llamado a la irresponsabilidad respecto a cuidar nuestro ecosistema. Es un llamado a cuidar del planeta, sin descuidar nuestra eternidad.
“Y todo esto será principio de dolores” Mateo 24:8
2. Hostilidad ideológica: “Entonces os entregarán a tribulación, y os matarán, y seréis aborrecidos de todas las gentes por causa de mi nombre”. Mateo 24:9.
Lo que vemos hoy en día en cada rincón del mundo, esos que no creen, nos amedrentan con sus discursos de odio, con sus acusaciones falsas y con las ideologías teñidas de política, humanismo carente de valores y religiosidad ecumenista. Créanme, que esa tendencia creciente llegará al punto que normalizará la violencia y los asesinatos en contra de los que “trastornan el mundo”, en contra de los que ellos suelen llamar intolerantes, en contra de los fanáticos, todo en pro de una sociedad inclusiva y permisiva. La frase clave de Mateo 24:9 es: “…y seréis aborrecidos de todas las gentes por causa de mi nombre”.
Es para pensar seriamente, ¿ser o no ser?, y aquí no hay dilema. Está claro que, solo “ser” es válido en este camino a la eternidad con Dios y su Cristo. Pero sí que debemos pensárnoslo bien, si queremos realmente caminar esta milla de aflicción. A los matrimonios nuevos les toca pensar también, en el futuro que tendrán sus hijos e hijas, vendrán para vivir en la peor hostilidad y persecución. Mal han hecho algunos miles enseñando otro evangelio, y claro está, Pablo explica: “…no es que haya otro”. Pero este evangelio apócrifo (ficticio) no advirtió estas cosas, aunque sí prometió prosperidad sin sufrimiento, bienestar sin precio.
3. La Apostasía: Señalada por Jesús en este capítulo 24 de Mateo, y anunciada por Pablo, Pedro y Juan en sus escritos. “…y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará”. Mateo 24:12
He visto algunas de mis amistades creyentes, incluso que sirvieron conmigo en el ministerio años atrás, deslizarse sutilmente tras ideologías que contradicen la verdad de la Palabra de Dios, y eso es apostasía pura.
He visto a las jóvenes dentro de nuestras congregaciones, deslizarse en pensamientos humanistas que le dicen a Dios que Él está equivocado y que Él es el culpable; mientras siguen en las iglesias aparentemente adorando a ese Dios, para ellas culpable. Me refiero a jóvenes que apoyan movimientos feministas aberrantes; que no tienen ninguna intención de defender a la mujer de sus verdaderos enemigos: el machismo enseñado en los hogares, la ignorancia y la vida libertina que las expone. El aborto es la bandera de estos movimientos, pero la más extrema y peligrosa de sus armas, es sexualizar el odio, e institucionalizar ese odio en complicidad con los gobiernos.
He visto el fin de una generación de hombres valientes, honorables y varoniles; que criaron familias, que trabajaron duro y pusieron fundamentos. Pereciera que los jóvenes hoy solo van tras el placer, y los atrapa la droga, el desenfreno sexual y el despropósito.
Es la gran apostasía, pues a quienes estoy describiendo son generaciones hijos e hijas de creyentes, que se sintieron engañados por las generaciones pasadas, en cuanto a la fe, sin que ello les excuse. La apostasía no tiene que ver con los incrédulos, ni con los que se denominan agnósticos y ateos. Tiene que ver con los que profesan o profesaron fe en Dios, y peor aun cuando muchos de ellos fueron practicantes de algún mover espiritual histórico. El poder opresor de las fuerzas de oscuridad será cada vez más fuerte, dando a luz más apostasía.
“Nadie os engañe en ninguna manera; porque no vendrá (El Señor Jesús) sin que antes venga la apostasía, y se manifieste el hombre de pecado, el hijo de perdición…” 2 Tesalonicenses 2:3
Esta apostasía traerá al hombre de pecado, hijo de perdición, el anticristo. Un personaje que le dará a la humanidad lo que ha pedido por siglos, libertad de la fe en el Dios verdadero, para su propia perdición.
Los creyentes tenemos que despertar, no para marchar por las calles pidiendo derecho a la libertad de expresión, de culto o de igualdades con nada ni con nadie, pues no somos como ellos. Debemos despertar a la Salvación.
“Mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo. Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin” Mateo 24:13-14.
La perseverancia de los santos es la victoria definitiva. Nadie podrá ser salvo sino persevera en la fe, hasta el último día. Y más importante aún, es que la perseverancia está íntimamente ligada o asociada a la predicación del evangelio.
La fe se define en términos más prácticos, como confianza. Cuanto más confiamos en Dios y su provisión divina para la vida, menos nos aferramos a nuestra propia justicia. Pero confiar en Dios demanda hacer lo que Dios manda y como Él manda. Por eso el padre de la fe en la Biblia es llamado Abraham, porque él estuvo dispuesto hasta las últimas consecuencias a hacer lo que Dios le mandó hacer; aun cuando aquello suponía su peor trauma. En el camino Abraham fue tan imperfecto al principio de su vida, como lo somos nosotros. Pero en el ocaso de su vida Abraham fue un gran ejemplo de justicia y piedad. Todos podemos leer eso en la narrativa de Génesis acerca de la vida de Abraham y Sara, Isaac, Agar e Ismael. Entretejida en la historia encontramos la propiciación divina (Isaac es sustituido por un carnero provisto por Dios), en el clímax de la fe, y cuando Abraham requiere cumplir la justicia de Dios, no le queda más que entregar su único bien irreemplazable y preciado, su propio hijo, del cual también dependían las promesas de Dios hechas para él y su posteridad. Sin Isaac, no habría nada de lo que Dios le había prometido, o sea, todo habría sido una tragedia y un juego cruel, pues no habría ni hijo ni herencia. Mas por la fe, Abraham pensó que Dios tenía un plan y no se aferró a Isaac como el hijo prometido. Eso nos dice hebreos:
17 por la fe Abraham, cuando fue probado, ofreció a Isaac; y el que había recibido las promesas ofrecía su unigénito, 18 habiéndosele dicho: En Isaac te será llamada descendencia; 19 pensando que Dios es poderoso para levantar aun de entre los muertos, de donde, en sentido figurado, también le volvió a recibir. Hebreos 11:17-19.
Dios ha provisto una Salvación poderosa, eterna, y que nadie nos puede quitar. Su plan proveyó a Cristo como propiciación (sacrificio sustitutivo). Nosotros tenemos que confiar en su sacrificio, y perseverar, porque esa es nuestra tarea. Al igual que Abraham, que recorrió un largo camino hacia el monte Moriah en obediencia y plena certidumbre, nosotros debemos ir camino hacia ese monte donde Dios nos pide confianza total. ¿Se dan cuenta que no se trata de nosotros, o de lo que somos capaces de dejar por Él? Se trata de Dios y de su provisión, que nos da la confianza para enfrentar nuestro último día en esta tierra, con la esperanza de que Dios ha provisto un sacrificio suficiente y eficaz, y que podemos irnos en paz, dejando atrás nuestras imperfecciones y nuestras luchas.
Así quiero yo, un día morir aferrado a esa gran Salvación provista por Dios.
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