Si Dios nunca te avergonzó por tus fallas y pecaminosidad, ¿Por qué a veces nos empeñamos en avergonzar a nuestro prójimo cuando éste cae? Si nuestro modelo es Dios, y no satanás, entonces deberíamos acudir en protección (cubrir) de aquellos que son desnudados por la astucia del mal. Veamos esta historia en el huerto:
Entonces fueron abiertos los ojos de ambos, y conocieron que estaban desnudos; entonces cosieron hojas de higuera, y se hicieron delantales. Génesis 3:7 (RVR60)
Mas Jehová Dios llamó al hombre, y le dijo: ¿Dónde estás tú? Y él respondió: Oí tu voz en el huerto, y tuve miedo, porque estaba desnudo; y me escondí. Y Dios le dijo: ¿Quién te enseñó que estabas desnudo? ¿Has comido del árbol de que yo te mandé no comieses? Génesis 3:9-11 (RVR60)
Y Jehová Dios hizo al hombre y a su mujer túnicas de pieles, y los vistió. Génesis 3:21
La primera y más grande vergüenza de la humanidad fue estar “desnuda” ante los ojos de Dios mismo. La desnudez de Adán y Eva no es un tema de morbo sexual. Aunque algunas personas lo llevan al simplismo del morbo. Aquella desnudez es la que desviste sus corazones inocentes ante Dios, y les imprime la dureza de la responsabilidad moral de conocer ahora el bien y el mal, habiendo elegido el mal. Aquella treta del enemigo de Dios fue sagaz y efectiva contra nuestros padres humanos, porque ellos tomaron la decisión de creer una mentira y desechar la verdad en la que vivían en el huerto de Dios.
Veamos detalles de los textos y comprendamos mejor la trama diabólica:
Desnudez en este texto y contexto deriva de “arám”, una raíz anterior del hebreo, que significa actuar astuta y secretamente. De esa raíz surge “eiróm” que significa “descubierto”. Ambas connotaciones indican que la desnudez de ellos fue haber sido puestos al descubierto antes Dios, por medio de la astucia, o del engaño. Génesis 3 justamente dice que la serpiente que entrona a satanás, era la criatura más astuta del huerto, una alusión para nada antojadiza en el relato.
Aunque tal astucia no quita la responsabilidad moral de Adán y Eva en la decisión tomada, sí es evidente que el engaño de satanás los indujo al pecado de muerte. La vergüenza de Adán y Eva que el relato la enfoca en estar desnudos, es realmente que en su desnudez física se refleja su desnudez espiritual y moral ante Dios. En otras palabras, aquella desnudez es una implicación de responsabilidad y culpa, pues la frase “fueron abiertos sus ojos” es una que significa: “fueron abiertos sus sentidos o entendimiento”.
¿Qué es lo que ellos hacen para enmendar el error y el daño? Creo que no hacen nada bueno, más bien complican las cosas, al hacerse para ellos cintos o delantales de hojas de higuera, y tapar su vergüenza. Ahora resulta que ya se miran con malicia y vergüenza. Un resultado directo de la conciencia de pecado.
Pero no solo hay vergüenza por la malicia, también hay temor por la verdad que confronta su mentira, y como niños cuando hacen una travesura y se percatan de ello; Adán y Eva se esconden para evitar a Dios. Del hebreo Kjabá, esconderse es en esta escena “encubrir” (esconder en secreto).
Pero en 3:21 dice que Dios en respuesta al vestido escapista de Adán y Eva con hojas de higuera, les vistió con pieles. La palabra “vistió”, aquí es “labásh”, que significa “cubrir”. Esta misma palabra del hebreo tiene un uso en algunas otras aplicaciones como “amar”, porque la implicación de Labásh es alguien que arropa o cubre para protección.
La respuesta de Adán fue encubrir el pecado ante Dios. La respuesta de Dios fue cubrir para protegerlos de una muerte eterna y sin esperanza. Es la misma realidad que vivimos hoy. Muchas veces queremos encubrir nuestro pecado para más vergüenza. Pero Dios nos saca de nuestro escondite no para exhibirnos, sino para protegernos de más daños. Si tan solo pudiésemos comprenderlo sería más fácil madurar en nuestra fe y confianza en Él y no andaríamos tratando de justificar lo malo que hacemos a veces; muy a pesar de ser salvos.
Cuando nosotros nos justificamos al murmurar de alguien, al maldecir a otros, al robarle a un jefe porque tiene mucho dinero, o cuando somos desleales a la familia, etc. Estamos cubriendo nuestra desnudez vergonzosa con hojas. Pero la solución ha sido dispuesta para cada uno de nosotros. Cristo es nuestro vestido perfecto porque no nos encubre, pero sí nos cubre. Su sangre en la cruz, fue anunciada en Génesis 3, en la sangre de los animales que Dios sacrificó para usar las pieles con las que vistió a Adán y Eva.
Solo debemos dejar que Dios nos vista, o sea, nos cubra con Cristo, para poder estar protegidos del engaño y la vergüenza del pecado.
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