«Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados.” Mateo 5:6 RVR1960
Este texto no lo leamos pensando que se haga lo que nosotros anhelamos en el corazón. O que situaciones adversas se vuelvan benevolentes para nosotros. O que la gente que nos trata mal por nuestra fe; en el trabajo, centros de estudio, dentro de la familia, etc, sea castigada. No, a eso no es a lo que se refiere, tener hambre y sed de justicia en el reino de los cielos.
Hago esta aclaración porque hemos escuchado muchas veces, una frase vacía que reza: “Dios hará justicia” en tal o cual situación que tenemos. Pero debemos ser más cuidadosos al leer lo que Mateo escribe sobre las palabras de Jesús en el Sermón del monte.
La raíz de esta palabra, no se refiere a nosotros, apunta hacia Dios y su voluntad. Y nuestra posición en Cristo basado en esa voluntad.
Dikaiosúne (dikaiosine): gr. Significa equidad de carácter y por tanto, de los actos hacia Dios. Y deriva de una raíz que declara la decisión de justicia o inocencia otorgada soberanamente por Dios, a quienes hacen su voluntad.
Por lo tanto cuando hablemos de la justicia de Dios, pensemos en las demandas de Dios y no en las nuestras. Hagamos de la siguiente manera:
Paso 1. Primeramente, reconocer nuestro pecado e incompetencia de justicia por nosotros mismos. Y decirle a Dios que lo necesitamos. Entonces, Dios nos llevará a Jesús, y Jesús nos llevará de regreso a Dios ya limpios, para ser declarados inocentes por el juez Justo, que es Dios mismo.
Paso 2. Debemos ahora como justos declarados, anhelar o tener «hambre y sed» de que la voluntad de Dios, o sea todos sus decretos, sean cumplidos en nuestra vida y en nuestro mundo. (Lea este punto dos claramente: «debemos tener un anhelo profundo, eso es «hambre y sed», de que lo que Dios quiere de nosotros se cumpla sin objeciones, aunque a veces fracasamos, debemos seguir anhelando su voluntad, levantarnos y seguir tras Él)
Paso 3. Debemos ser pacientes al anhelar su voluntad, ya que seremos saciados en el tiempo y forma de Dios, no en nuestras expectativas.
¡Entonces!… Seremos los más felices (bienaventurados). Porque vendrán los cumplimientos de la voluntad perfecta de Dios a la tierra, y esa es la justicia a la que Mateo se refiere.
Por eso recordamos lo que Jesús le dice a Juan el Bautista cuando se rehusaba bautizarlo:
“Jesús le contestó: —Déjalo así por ahora, pues es conveniente que cumplamos todo lo que es justo ante Dios. Entonces Juan consintió.” Mateo 3:15 DHH94I
Mateo es el primero en usar esta palabra griega en todo el Nuevo Testamento. Se traduce como justicia y significa principalmente, hacer la voluntad de Dios y su implicación para el ser humano.
Su justicia nos saciará el alma, al erradicar todo lo que no es de Él en nosotros, y en la eternidad erradicará la maldad que se opone a su voluntad. Así que nos conviene a todos hacer lo que Dios manda.
Indudablemente, cada día Dios nos sacia de su voluntad. Pero será en el día postrero que será satisfecha hasta la saciedad eterna, nuestra «hambre y sed» de la voluntad de Dios sin obstáculos.
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