«Padre de huérfanos y defensor de viudas Es Dios en su santa morada. Dios hace habitar en familia a los desamparados; Saca a los cautivos a prosperidad; Mas los rebeldes habitan en tierra seca.”
Salmos 68:5-6 RVR1960
No es un título muy halagador. Pero es el mejor escenario para describir la bondad de Dios y su poder.
El salmo 68 es un canto de victoria que le recuerda a Israel su grande liberación y caminar transitorio por las áridas sendas del desierto. Por su estilo antológico; Salmos nos lleva por diversas experiencias del pueblo con Dios, sin dejar por fuera aún aquellas malas experiencias de rebelión del pueblo. Y aquí, pues hace eco de un Dios victorioso, poderoso y fiel; para quienes en medio de su debilidad solo lo tienen a Él por refugio.
La referencia a que los “…rebeldes habitan en tierra seca” es una alusión a toda aquella generación rebelde que muere en el desierto por su rebelión. En contraste: los huérfanos, viudas y desamparados; son aquellos que lograron entrar a la tierra prometida. Son los hijos de aquellos a quienes Dios les prohibió entrar a la tierra próspera (Leer números 14)
Como vemos, salmo 68:5-6 refiere a todos aquellos jóvenes que entran a la tierra prometida, ya sin sus padres. Muchachos jóvenes, cuyos padres quedaron postrados en tierra seca por sus constantes rebeldías a la guianza divina. Así, Israel reconoce en Dios; un padre amoroso que cuidó de sus hijos en tiempos de grandes desafíos, nada más y nada menos que durante la conquista de una tierra llena de pueblos hostiles en las montañas de Canaan. Este hecho histórico engrandece más a Dios, pues fue su mano y no la de los poderosos de Israel, la que les dio la victoria en aquella conquista. David, entonces se inspira en aquellos eventos, para poner en alto el nombre de Dios.
Aquellos cautivos lo fueron primero de Egipto, luego lo serían de sus propias pequeñeces. Siempre quejándose y poniendo a prueba la bondad y misericordia de Dios. En Números 14 Dios le dice a Moises que son 10 veces que le han tentado. Ya no eran cautivos de faraón, sino de sus propios deseos. Y aquí los hechos históricos pasan a ser retóricos para nuestra vida. Porque al igual que aquella generación rebelde, nosotros debemos cuidar no caer en semejante actitud de rebelión contra Dios. Que viendo no veamos. Ese es el cuidado al que nos exhorta este salmo.
Me impacta números 14:11
«y Jehová dijo a Moisés: ¿Hasta cuándo me ha de irritar este pueblo? ¿Hasta cuándo no me creerán, con todas las señales que he hecho en medio de ellos?” Números 14:11 RVR1960
La incredulidad, es el pecado que destruye vidas y las deja postradas en su propio peregrinaje, sin la esperanza de alcanzar aquella tierra próspera prometida por Dios. Y hay dos dimensiones para su aplicación en este pasaje:
1. La perdición eterna, la cual está reservada para satanás y sus ángeles por decreto divino, pero incluye a aquellos humanos que deciden no creer (aplicando Números 14:36-38)
2. La pérdida de dones y promesas para los ya creyentes. Los que creímos en Cristo para salvación y siendo salvos, dejamos de creer en Cristo para una vida abundante. Entiéndase aquí abundancia, no material, sino integral. Abundantes promesas qué hay en la Biblia para nosotros los creyentes, que dejamos de alcanzar por no creer (aplicando Números 14:20-35)
Si leen con atención, Dios le dice a Moises que ha perdonado a Israel por su pecado, pero que los disciplinaría dándoles peregrinar por 40 años en tierra seca. Un año por cada día que los espías de Israel caminaron, probaron, degustaron las delicias de la tierra prometida al pueblo, y aún así, prefirieron el camino de regreso a Egipto.
Bueno, el salmo nos saca del contexto histórico y nos pone en contexto de nuestra realidad aquí y ahora. Asi como Dios es literalmente padre de huérfanos y viudas, lo será de nosotros en nuestra debilidad. Y debemos tomar una actitud como la de Caleb y Josue, destacados por su confianza en Dios en Números capítulo 14 y que es el contexto para este salmo que nos ha permitido conocer más a nuestro buen Dios. Ser débiles, no es ser inservibles o pecadores empecinados. Sino ser dependientes de Dios.
«Temible eres, oh Dios, desde tus santuarios; El Dios de Israel, él da fuerza y vigor a su pueblo. Bendito sea Dios.” Salmos 68:35 RVR1960
Amén